Ambas (Un cuento de motivación)

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Credit: FreeImages.com / Vassiliki Koutsothanasi

Ambas hermanas saltaron con el sonar de la trompeta. Ambas tardaron unos cuantos segundos en registrar lo que significaba el hecho de que el heraldo del rey estuviese tocando trompeta frente a la puerta de su casa. Cuando la trompeta sonó una segunda vez, la verdad se registró en ambas mentes. Emocionadas, pronunciaron las palabras simultáneamente:

“¡Fui escogida para participar de la selección de la nueva princesa del reino!”

Ambas ahogaron un grito y se miraron con extrañeza.

Se dieron cuenta de lo que estaba pasando. Los reyes seleccionaban una doncella de cada una de las 17 provincias del reino para participar de la competencia que culminaría con la coronación de la princesa. Luego de un análisis minucioso de cada mujer que sometía su hoja de participación, los reyes, en conjunto con su hijo, el príncipe, escogían la representante de cada provincia. Enviaban entonces a su heraldo a que tocara la trompeta frente a la casa de la elegida, para que con el ruido, todo el pueblo saliera a celebrar y a despedir a la posible heredera del trono.

Lo que estaba causando una sensación de incomodidad en los cuerpos y mentes de ambas hermanas era la frase: “una elegida por cada provincia”.

Ellas eran dos. Solo una podía ser la seleccionada,  y abrir la puerta para preguntar el nombre completo de la elegida no serviría de mucho. Eran hermanas gemelas idénticas y tenían el mismo nombre. A ninguna de las dos se le ocurrió escribir su segundo nombre también.

Ambas fruncieron el ceño. Era el momento culminante de sus vidas. Una, sería aceptada en la competencia. La otra, se quedaría toda su vida cantando en bares, como habían hecho ambas hasta el momento.

“Deika S. Lance, quédate aquí, estoy segura de que esperan por mí” dijo la hermana mayor.

“Deika P. Lance, quédate tú aquí, estoy segura de que esperan por mí” respondió la hermana menor (por unos minutos).

Ambas refunfuñaron.

Pero la hermana mayor tuvo una idea.

“Hermana, ¿por qué no dejamos que el príncipe decida? Vistámonos las dos con las mejores galas, preparemos nuestras mejores reverencias y salgamos. Entonces, que el heraldo nos lleve a ambas al palacio. Una vez allí, que el príncipe nos conozca y decida quién se queda y quién se va.”

A la hermana menor le pareció una buena idea. Asintió y le estrechó la mano a Deika P.

“Que gane la más hermosa” dijo la menor.

“Que gane la más lista” expresó la mayor.

Ambas hermanas fueron a sus habitaciones a prepararse.

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La hermana menor decidió que se prepararía lo mejor posible.

Miró cada uno de sus vestidos. Cada vez que tomaba uno en sus manos, se imaginaba bailando junto al príncipe.

Practicó varias reverencias frente al espejo. Cada vez que hacía alguna, soñaba con el momento en que la haría frente a la reina.

Ensayó discursos y respuestas a preguntas inteligentes, creando en su mente cada una de las situaciones que podría enfrentar.

Tardó dos horas en estar lista.

Entonces, salió de la habitación, luciendo regia.

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Por otra parte, la hermana mayor entró a su habitación y en pocos minutos sabía lo que usaría. Ya había soñado muchas veces con ese momento.

Cuando tomó el vestido, comenzó a imaginar el baile, pero luego se lo puso de una vez. No quería hacer esperar al heraldo. El tiempo de soñar había pasado. Era el momento de vivir la realidad. Así que en unos minutos se vistió, peinó y maquilló. Hizo una reverencia frente al espejo y salió de su habitación.

Miró hacia el cuarto de su hermana. La puerta estaba cerrada todavía.

La esperaría afuera.

Bajó a la sala de la casa y abrió la puerta principal.

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Cuando la hermana menor bajó  de su habitación y llegó a la entrada de la casa, sintió que se desvanecía.

El carruaje que llevaba al heraldo y a su hermana se alejaba en la distancia.

Se habían marchado, la habían dejado, y su sueño se había arruinado.

Estaba a punto de comenzar a llorar cuando se fijó que habían dejado una carta sobre la repisa. La abrió y leyó rápidamente:

Señorita Deika S.

Lamento mucho que no hayamos podido esperar por usted. Habría sido un placer conocerla, pero no fue posible. No culpe a su hermana, ella me repitió muchas veces que esperara por usted, y me comentó acerca de su trato. Sin embargo, aunque tal vez el heraldo habría decidido esperar, yo no puedo hacerlo. Verá usted, el sonido de trompeta que escuchó a su puerta fue hecho por mí, el príncipe Rogelio. Quería asegurarme de que las participantes eran tal y como sus cartas habían descrito, por lo que he estado buscándolas personalmente a sus casas.

Mientras esperábamos por usted, su hermana me prendó. Su confianza en sí misma, espontaneidad y lealtad para con su familia me enamoró, por lo que he decidido cancelar la competición. Ya he seleccionado a la nueva princesa, y es su hermana.

En las próximas semanas recibirá una invitación al compromiso. Y no se preocupe por nada, su hermana me ha dicho que lo más importante para ella, es cuidar económicamente de usted.

Nos veremos pronto.

Con aprecio y respeto, su príncipe (y cuñado),

Rogelio XI

Deika S. suspiró.

No podía culpar a nadie.

Ambas habían tenido la misma oportunidad llegando a sus puertas.

Ella, decidió seguir soñando.

Su hermana, por otra parte, paró de soñar, y salió a hacer sus sueños realidad.

Decidida a no ser una carga para su hermana, fue a cambiar sus vestidos para así prepararse para salir a cantar.

FIN


Lección para sanar:

Hay un tiempo para soñar y hay un tiempo para actuar. Si nos quedamos eternamente en el proceso de imaginar y planificar, nos perderemos la aventura. Una frase de un autor anónimo lo resume mejor: “Algunos sueñan con escalar una montaña, otros se despiertan y comienzan a caminar hacia la cumbre.” El mundo no es de los que sueñan en grande. El mundo es de los que sueñan en grande, y entonces, comienzan a actuar en grande también.

Acción para sanar:

¿Hay alguna meta, plan u objetivo con el que has estado soñando hace mucho? ¿Algo que llevas tiempo planificando o considerando? Te reto a que actúes ahora. Da un paso, por pequeño que sea, que te dirija al cumplimiento de ese sueño, aun cuando sientas que no estás listo. Réstale un poco de tiempo a imaginar y planificar y dedícale un poco más de tiempo a caminar hacia ese sueño.

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