¿Y si Dios no hace el milagro?

Recuerdo los momentos de sufrimiento que viví hace unos años cuando, después de unos exámenes médicos, encontraron que tenía un nódulo en un pulmón. El médico, increíblemente, se atrevió a mencionar la palabra con “C” en la cita para discutir los primeros resultados.

¿En serio era posible que tuviera cáncer?

Eso decía el doctor.

Photo Credit: FreeImages.com / Samantha Mesones

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El proceso

Lo más difícil del proceso, no fue el malestar físico, ya que aparte de una tos constante, no había síntomas. El problema tampoco fue que mi fe en Dios se viera afectada, ya que en los días siguientes pasé más tiempo orando que en el mes anterior completo.

Lo realmente difícil fue que yo estaba  esperando que Dios me sanara, que hiciera el milagro, seguro de que podía hacerlo… ¿pero y si no lo hacía?

Debo reconocer, lamentablemente, que no sabía si mi fe permanecería intacta si los próximos exámenes confirmaban la presencia de cáncer en el pulmón. Y eso me dolía, me molestaba. Quería ser capaz de decirle a Dios: “Señor, te pido que me sanes, pero aún si no lo haces, te seguiré creyendo y adorando.”

Verdaderamente quería, anhelaba decir esas palabras, pero no podía, porque no estaba seguro si serían ciertas.

El recuerdo

Ese proceso me llevó a un pasaje bíblico que siempre había amado. Tres bueno hombres (Sadrac, Mesac y Abed-nego) habían sido condenados a morir quemados en un horno de fuego por negarse a adorar la estatua de un rey. La declaración que estos valientes hicieron, hace que se me erice la piel cada vez que la leo:

Nuestro Dios, a quien adoramos, puede librarnos de las llamas del horno y de todo el mal que Su Majestad quiere hacernos, y nos libraráPero, aun si no lo hiciera, sepa bien Su Majestad que no adoraremos a sus dioses ni nos arrodillaremos ante la estatua de oro. -Daniel 3:17-18 (DHH)

“Pero aun si no lo hiciera…”

Esa es la frase que más me impacta del pasaje. Más que su consagración a Dios al negarse a adorar la estatua, más que el momento en que Dios hace que salgan ilesos del fuego, más aún que el cambio de corazón que tiene el rey al ver el milagro… Lo que más me impacta es que, momentos antes de entrar al horno ardiente, no solo reconocieron que su Dios podría salvarlos, sino que proclamaron que, si decidiera no hacerlo, si por casualidad Dios tuviera otro plan, y realmente fueran quemados vivos, aun así, todavía elegirían adorar a Dios.

¿Somos capaces nosotros?

¿Somos capaces de decirlo? Somos capaces de decir:

“Señor, sé que puedes hacerlo, y creo que lo harás, pero…

… Dios, te adoraré, aun si no me sanas de esta enfermedad.”

…Dios, te adoraré, aun si pierdo a mi hijo.”

…Dios, te adoraré, aun si nunca puedo ser madre.”

…Dios, te adoraré, aun si mi esposo me abandona.”

…Dios, te adoraré, aun si nunca encuentro el amor de mi vida.”

…Dios, te adoraré, aun si pierdo el trabajo.”

…Dios, te adoraré, aun si la depresión no se va.”

…Dios, te adoraré, aun si mi familia no te ama.”

…Dios, te adoraré, aun si no soy capaz de sentirte nunca más.”

¿Somos capaces? ¿Eres capaz? ¿Soy capaz?

Es fácil amar a Dios cuando hace el milagro. Es fácil decir “yo creo que Dios lo hará”. ¿Lo difícil? Decir: “Yo le creo a Dios, aun si no lo hiciera”.

Los resultados

No tuve que regresar al neumólogo. Cuando llegaron los nuevos resultados, era obvio lo que había pasado: No había nódulo alguno en el pulmón. Dios lo había desaparecido por completo. Mi Dios me había librado del fuego. Pude dar gloria a Dios y testificar lo que había hecho, y todos se gozaron y alabaron conmigo. Pero… ¿habríamos sido capaces de hacerlo si los resultados hubieran sido otros?

Yo quiero ser como Sadrac, Mesac y Abed-nego. Yo quiero tener una fe completa, que pueda decir: Dios lo hará. Pero una fe completa también incluye poder decir: “Y aun si Dios no lo hiciera.” Yo quiero creer que después de esa experiencia, si enfrentara algún día cualquier enfermedad, seré capaz de decir:

“Mi Dios, a quien adoro, puede librarme de la enfermedad y de todo el mal que el Enemigo quiere hacerme, y me librará. Pero, aun si no lo hiciera, sepan bien  ustedes amigos, que no adoraré a ningún otro dios, ni me arrodillaré ante otro que no sea mi Dios Verdadero. Con todo, lo adoraré.”

Mi amigo, mi amiga, ten fe. Dios te librará, oh sí, creo que lo hará. Pero aun si no lo hiciera… no lo dejes de adorar.

Speak Your Mind

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