El agradecimiento (Cuento)

FreeImages.com / Dominik Gwarek

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El niño salió de viaje para encontrar la alegría que había perdido. Estaba seguro de que se hallaba oculta en alguna parte.

Estaba cansado del llanto, los problemas y las malas noticias, así que hizo su maleta y salió de casa en busca de la alegría. El niño recordaba bien que, años atrás, pudo sentirla, así que sabía que la alegría existía. Solo tenía que encontrarla; solo estaba perdida.

FreeImages.com / Adam Ciesielski

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Primero, fue a un circo. Allí, miró a los impresionantes elefantes bailarines, a los valientes trapecistas, a las hermosas contorsionistas, a los divertidos payasos y a una extraña mujer barbuda. Sí sonrió varias veces, e incluso lanzó un par de carcajadas, pero cuando acabó todo y se apagaron las luces, tuvo que reconocer que allí no estaba su alegría. Las risas duraron muy poco.

FreeImages.com / Michael Sult

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Después, fue a un parque. Allí corrió y jugó con otros niños, se metió de cabeza en una fuente de agua y alimentó a las palomas. Pero los amigos que hizo se marcharon a sus casas al finalizar la tarde, y las palomas volaron, y la fuente perdió su atractivo, así que allí tampoco encontró su alegría.

FreeImages.com / Myles Taylor

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Por último, fue a una pastelería. Compró golosinas, donas y flanes, que disfrutó mientras comía, pero al terminar, la panza le empezó a doler, así que concluyó que allí tampoco encontraría su alegría.

FreeImages.com / Gözde Otman

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Ya entrada la noche, cabizbajo, caminó de regreso a casa. Se detuvo frente a la puerta y miro hacia el cielo, hacia las estrellas.

“¿Dónde estás, alegría?” preguntó en voz alta.

FreeImages.com / Juan Carlos Arellano

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Y la alegría, con una voz suave y débil, ya que había estado por mucho tiempo en un escondite dentro de él, le respondió:

“Estaba contigo en el circo, mientras mirabas los elefantes, los trapecistas, las contorsionistas, los payasos y hasta la mujer barbuda. Estaba contigo en el parque, mientras corrías con tus amigos, te metías en la fuente y alimentabas las palomas. Estaba contigo en la pastelería, mientras comías golosinas, donas y flanes. Y también estuve contigo mucho antes, mientras tu mamá te daba besos de buenas noches, mientras obtenías una buena calificación en la escuela, mientras tu vecino te prestaba sus juguetes, y mientras hablabas con Dios en tu habitación. Siempre estuve allí.”

El niño sacudió la cabeza, incrédulo.

“¿Y por qué no te quedabas conmigo permanentemente? ¿Y por qué no te podía sentir a veces?”

La alegría respondió otra vez, en esta ocasión, con más fuerza y firmeza en su voz.

Porque te faltaba agradecimiento. En los momentos en que pensabas que me había marchado o que no podías sentirme, era porque habías dejado de ser agradecido. En lugar de agradecer los elefantes, los trapecistas, las contorsionistas, los payasos y la mujer barbuda, te lamentaste porque el espectáculo fue muy corto. Te faltó agradecimiento. En lugar de agradecer el tiempo que corriste, jugaste, te metiste en la fuente del parque y alimentaste a las palomas, te quejaste porque tus amigos se tenían que ir. Te faltó agradecimiento. En lugar de agradecer que podías comer un delicioso pedazo de flan, decidiste que era mejor comerte todos los que pudieras. Te faltó agradecimiento. No has agradecido los besos de tu madre, las notas en la escuela, la bondad de tu vecino, ni tu relación con Dios. Has dado esas cosas por sentadas, y las olvidas. Y cuando olvidas, dejas de sentir agradecimiento, y cuando no sientes agradecimiento por lo que tienes, no puedes experimentar alegría. El agradecimiento es lo que hace que puedas seguir sintiéndote alegre mucho tiempo después de que el momento hermoso haya terminado.”

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El niño reflexionó en las palabras de la alegría.

“Agradecimiento… dar gracias… recordar…”

El niño le dio la razón a la alegría. Y le dio las gracias. Quería ser agradecido.

Estaba seguro de que nunca más se quejaría por lo que no tenía. Estaba seguro de que cada día demostraría agradecimiento. Daría gracias por los elefantes, los trapecistas, las contorsionistas, los payasos, las mujeres barbudas, los niños que corren en el parque, las fuentes, las palomas, las golosinas, las donas, los flanes, los besos de su madre, las calificaciones, los vecinos, y por su tiempo con Dios.

¡Tenía tantas cosas que agradecer! ¡Tenía tantas razones para ser feliz!

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Entró a su casa sintiéndose una nueva persona, más alegre, más sonriente…

Más agradecido.

FIN.

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