El árbol que quería volar

Siempre sintió la insatisfacción, pero nunca comprendió a qué se debía… hasta aquella noche en el mes de mayo.

Una bandada de aves negras volaba sobre sus ramas. El gran árbol entonces pudo comprender a qué se debía su tristeza.

“Quiero volar…” susurró, mientras un par de esas aves exóticas se posaban sobre sus frondosas ramas.

“Quiero salir de aquí, quiero volar, quiero conocer el mundo” dijo un poco más fuerte.

El sonido, aunque imperceptible para los humanos, asustó a los pájaros, que se fueron volando rápidamente. O quizás volaron debido al fuerte viento que sopló, estremeciendo y derribando algunas hojas del árbol.

“Pues vuela” le dijo el viento mientras lo acariciaba con furia.

Primero, el árbol pensó que su amigo viento se burlaba de él. Luego, entendió que no. Sus caricias eran fuertes y rudas, pero su voz era gentil y llena de compasión.

“No puedo. No puedo volar” respondió con melancolía el árbol.

“¿Por qué no?”

El árbol meditó en la pregunta.

“Porque… porque tendría que abandonar a las ardillas y los zorros y las personas que buscan refugio en mi sombra. Porque extrañaría a mis amigos” explicó.

El viento sopló un poco más fuerte.

“Entonces, abandona la TRISTEZA, gran árbol. Siente ahora la TRISTEZA por lo que dejas, y luego, deja la tristeza atrás con todo lo demás. Sin el peso de la TRISTEZA, podrás volar.”

“No es solo eso…” replicó el árbol. “No puedo irme. Tendría que arrancar mis raíces de la tierra. Iría a un lugar nuevo, desconocido, diferente.”

El viento aumentó su intensidad.

“Entonces, abandona el MIEDO que te ha estancado. El MIEDO hace que tus raíces sean cada vez más profundas, incluso cuando ya no tienen propósito. Cambia el MIEDO por valentía, aventura y libertad. Y si no lo puedes abandonar, levanta tus raíces y vuela, aún con miedo.”

El árbol comenzaba a dudar. ¿Era posible volar entonces?

“¡Pero va a ser difícil, oh viento! Va a ser doloroso”, decía el árbol asustado, pero sintiendo por primera vez en su larga vida la esperanza. “¡Déjame en paz! ¡Ocúpate de tus asuntos! ¡Ya es muy tarde para mí!”

El árbol gritaba, pero también lloraba.

El viento, solo soplaba un poco más fuerte.

“Entonces, necesitas abandonar la IRA. Has estado acumulando IRA, rencor y decepción por tu situación. Has envidiado mi vuelo y el de los pájaros, pero la envidia y la IRA no te dejarán moverte. Cuando sientas dolor y te abrume la IRA, solo déjalos atrás… y vuela.”

“No…” continuó el árbol, aunque ya había comenzado a creer. “Y si… ¿Y si no funciona? ¿Y si no soy feliz? ¿Y si solo muero en el proceso? Viento, ¿qué pasará? ¿Qué hago?”

El viento rugió. Era ahora un huracán. El árbol se sacudía y se tambaleaba peligrosamente.

“Entonces, abandona la incertidumbre y la DUDA. Entrégate a la confianza. Confía en tus fuerzas y en tus sueños. Confía en mí. Sobre todo, confía en el Creador, que consolará tu TRISTEZA, ahuyentará tus MIEDOS, sanará tu IRA y despejará las DUDAS. Creer es una decisión, amigo árbol. Si la tomas ahora, no te arrepentirás. Solo deja todo atrás.”

Y el árbol le creyó al viento. Creyó también en él. Y creyó en su Creador.

“Volaré…” dijo por lo bajo.

Los vientos huracanados envolvían al viejo árbol.

“Volaré” dijo más fuerte.

El árbol ya no sentía tristeza, ni miedo, ni ira, ni duda. Se sentía más liviano.

Se sentía en PAZ. Sentía que podía volar.

“¡Volaré!” gritó con emoción.

“Entonces… vuela” dijo el viento.

Las raíces del árbol comenzaron a salir de la tierra, poco a poco.

Y entonces, libre de toda emoción negativa…

Voló.

FIN.

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