El precio (Cuento)

Gaia entró al café con un enorme abrigo y un sombrero que cubría la mayor parte de su cara. Miraba en todo momento hacia el suelo, evitando el contacto visual con otros clientes, aunque llevaba puestas unas grandes gafas oscuras.

Mientras esperaba la fila para pedir un café, pedía a Dios en silencio que nadie se diera cuenta.

“Bienvenida a Pac-Café, ¿qué le gustaría probar hoy?”

Gaia tuvo que levantar el rostro para hacer la orden.

“Solo un…”

El joven que la atendía abrió grande los ojos y la boca. Su quijada parecía que caería al suelo.

Se había dado cuenta.

Gaia sacudió la cabeza levemente, susurrando un “por favor”.

Por favor, no digas que soy yo. Por favor, no digas que estoy aquí. Por favor, dame una noche de silencio y paz solo para mí.

Gaia no disfrutaba ni un poco todo el glamur y la fama y las cámaras y la atención que conllevaba ser una cantante famosa. Sí, le gustaba cantar, amaba cantar, y disfrutaba poder viajar el mundo llevando su talento. Y sí, agradecía tener el dinero suficiente para mantener a su familia. Pero odiaba la fama y la falta de privacidad. Extrañaba mucho a Carmen Santiago, la sencilla mujer que podía ir a tomar un café con vainilla siempre que quisiera.

El joven la miró boquiabierto por un rato. Se rascó la cabeza. Miró a ambos lados, confirmando que sus compañeros todavía no se habían dado cuenta.

“¿Su orden, señorita?” preguntó con una sonrisa de complicidad.

Gaia casi llora de la emoción.

La ayudaría. No la delataría. Le regalaría una noche de paz.

Solo una noche, eso era todo lo que necesitaba, nada más. Una noche… normal. Una noche en que se tomaría su café con vainilla y canela, en tranquilidad, mientras meditaba un poco y se mezclaba con la gente, sin preocuparse por tener que estar posando, por tener que lucir perfecta.

Mañana, todo volvería a la normalidad, y sería una vez más la famosa estrella del pop.

Pero hoy no.

Y se lo debía a ese joven.

Cuando le pagó, apretó su mano en señal de agradecimiento. Él se sonrojó y guardó el dinero con algo de nerviosismo.

Gaia fue a sentarse.

Pasó un largo tiempo antes de que el joven llegara a su mesa con el café y lo colocara frente a ella.

Al levantar la taza, Gaia se dio cuenta de que había debajo un papel arrancado de una libreta.

¿Le estaba pidiendo un autógrafo?

Estaba bien. Lo merecía, después de guardar su secreto.

El joven le guiñó un ojo y se marchó a atender otra mesa.

Al tomar el papel, Gaia se dio cuenta de que no era una hoja en blanco: estaba escrito.

Era una nota que leía:

Gaia: Todo oficio tiene una parte que no nos gusta. El cumplir nuestros sueños y alcanzar nuestras metas viene con complicaciones (como no poder salir libremente sin ser acosada en tu caso, o tener que quedarme trabajando hasta la medianoche en el mío). Yo soñaba con preparar el más delicioso café; tú tal vez con cantar frente a multitudes. Los dos lo logramos. Y creo que lo estamos haciendo bastante bien. No te rindas. Aprecia cada minuto del sueño que has alcanzado… las partes que amas, y las partes que desearías que fueran diferentes. Afectuosamente, un metiche y desconocido barista.

Gaia rio para sus adentros.

Miró hacia la caja registradora, frente a la cual el joven estaba parado otra vez, ofuscado en su trabajo, pero siempre con una sonrisa en el rostro.

Gaia reconoció en ese preciso momento que no tenía derecho a quejarse. Su fama era el precio a pagar por vivir su sueño.

Y a todos nos toca pagar un precio.

Miró la nota una vez más, y pensó que, si aprendiera a apreciar cada momento y a quejarse menos, seguramente le iría mejor.

Respiró profundo.

“Hay que aceptar incluso las partes que no me gustan…” susurró.

Sonrió. En paz y silencio, Carmen Santiago le dio un último sorbo a su café, un sorbo largo, para que durara, para poder recordarlo. Y entonces, dando un profundo suspiro, algo cansada, mas no frustrada, Gaia puso la taza sobre la mesa y se quitó el abrigo, el sombrero y las gafas.

Más cuentos para sanar aquí: Sanando con creatividad: Autoayuda, inspiración, fe y sanidad por medio de historias, películas y cuentos (Spanish Edition)

Comments

  1. Excelente! Y es verdad, en todo , todo lo q hacemos, siempre hay algo q no nos gusta, pero es mejor no quejarse y apreciar lo bueno! Pero como humanos siempre tendemos a ver más lo malo y a quejarnos q ver lo bueno y agradecer!

Speak Your Mind

*