El sombrero de los vómitos

Estaba en mi auto. Intentaba estacionarme frente a un laboratorio donde me realizarían unos exámenes médicos, pero el laboratorio aún estaba cerrado.

Y me entraron unas ganas muy fuertes de vomitar.

Sabía que era inevitable. No podría aguantar un minuto más.

Photo credit: Jenn and Tony Bot via Foter.com / CC BY-NC

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Miraba hacia todos lados. ¿Dónde iba a vomitar? No había un cesto de basura, no había baños, no tenía ni siquiera una bolsa plástica. Entonces, miré hacia el asiento del pasajero de mi auto. Allí había un sombrero.

Era un sombrero de mago.

Photo credit: chickenpants - absolutely small via Foter.com / CC BY-NC-SA

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Lo compré como parte de un disfraz para usar en conferencias y actividades terapéuticas como psicólogo. Me gusta mi sombrero de mago, pero ya no resistía el dolor y la sensación. El vómito tenía que salir. Así que agarré el sombrero fuertemente con ambas manos, bajé la cabeza, apunté bien hacia el sombrero para no manchar el carro. Y entonces…

Medité. Evalué lo que estaba a punto de hacer.

Primeramente, perdería mi sombrero. Era un buen sombrero. Era útil. No quería echarlo a perder.

En segundo lugar, ¿qué haría después con el sombrero vomitado? ¿Lo mantendría conmigo en el auto durante la espera y también todo el camino de regreso, para contaminarlo todo con el mal olor? ¿Me lo pondría en la cabeza en lo que abrían el laboratorio, o lo sostendría en mis manos como quien pide limosnas? Terminaría vomitando otra vez.

Por esas razones, pensé que era mejor esperar. Por más desesperante que fuera la situación, tal vez, después de todo, sí tenía la capacidad de esperar a que abrieran el laboratorio y pudiera correr a un baño. Por eso, solté el sombrero y respiré profundamente, decidí aguantar las ganas de vomitar.

Cuántas veces, de la misma manera, sentimos la desesperación por abrir nuestra boca y lanzar un sinnúmero de palabras hirientes.

Photo credit: ohhector via Foter.com / CC BY-NC-ND

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Nos sentimos lastimados, ofendidos, atacados, o enojados, así que sentimos ese fuego en nuestro interior, y pensamos que será aliviado al decirle a esa persona “dos o tres cosas”.

Estoy molesto o molesta porque mi pareja no ayuda en la casa. Siento indignación por cómo maneja aquel que acaba de rebasarme en la avenida. Me siento humillado por esa traición. Me siento ofendida por el mal servicio que me está ofreciendo ese empleado. Tengo la certeza de que debo decirle “la verdad en la cara” a ese familiar. Creemos que hay que hacerlo, que nos sentiremos mejor, que no podemos resistir y tragarnos las palabras… pero estamos equivocados. Y no estamos pensando en las consecuencias.

No estamos pensando en el mal sabor que queda cuando vomitamos palabras hirientes. No estamos pensando que, cuando herimos con nuestras palabras a alguien cercano a nosotros, tenemos que quedarnos para siempre con las consecuencias, con el mal olor de nuestras acciones, sabiendo que dañamos algo que era útil y valioso para nosotros, mucho más que un sombrero de mago. Olvidamos que, cuando reaccionamos sin pensar bien las cosas, nos vemos como alguien que vomita en un sombrero y luego se lo pone en la cabeza: el daño mayor, lo recibes tú. Es tu mente, tus emociones y tu espíritu lo que es afectado cuando no ejerces tu dominio propio, te llenas de rencor, y reaccionas explosivamente. Tú recibes la peor parte.

Te invito hoy a que pienses antes de actuar. Sé que es difícil. Es como tratar de aguantar un vómito.

Pero se puede hacer.

Te cuento que no solo no vomité en un sombrero esa mañana, sino que tampoco vomité en el laboratorio. De hecho, varios días después, todavía no he vomitado. En el momento parecía inevitable, pero luego de respirar y calmarme, me di cuenta de que no era así.  Y desapareció la necesidad.

Así que respira y resiste. No ataques con palabras. No lances lo primero que te viene a la mente. Y si sientes que ya no puedes aguantar más, que tienes que decir algo hiriente para desquitarte, imagínate que, al hacerlo, te estarás quedando con un sombrero lleno de vómitos en tus manos. La imagen mental te hará detenerte a reflexionar… o reírte… o te hará vomitar. Cualquiera de las tres cosas, puede evitar que hagas algo de lo que te arrepentirás.

Comments

  1. heyshahernandez says:

    Ay,si,yo tengo que estar tragandome las palabras por que estan brutales,pero “calladita me veo mas bonita” 🙂

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