Vivir esperando el puño

Es tiempo de romper con las limitaciones, el miedo y la negatividad. Sufriendo un ataque de pánico, pude identificar un problema que muchos tenemos: vivimos esperando el puño.

Credit: FreeImages.com / Sanja Gjenero

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En mi juventud temprana, sufrí de ataques de pánico. Eran súbitos, y cuando llegaban, no había mucho que hacer al respecto. Solo esperaba a que pasaran mientras mi madre me abrazaba.

Gracias a Dios, literalmente, los ataques de pánico fueron menguando hasta desaparecer.

Entonces, volvió a suceder.

Ocurrió no mucho después de mi boda, justo en mi luna de miel.

Me sentía tan bien. Absolutamente feliz. Sentía que no necesitaba nada más en la vida.

Y precisamente por eso, el terror comenzó.

En mi mente daba vuelta un pensamiento desastroso:

“¿Y si pierdo todo? Esto no durará para siempre. La felicidad se acabará. Mi esposa morirá. O yo.”

El ataque de pánico había comenzado.

Pensé que era extraño, sentir tanto temor justamente en un momento de absoluta felicidad, pero resulta que es más común de lo que pensé. En cierto grado, la mayoría de las personas que habitamos el planeta vivimos con esa sensación de que algo malo se avecina, de que algo podría salir mal en cualquier momento, especialmente luego de un buen momento.

Sentimos que…

  • Si me están haciendo un favor o regalando algo, en realidad quieren algo a cambio.
  • Si todo está saliendo bien, pronto algo saldrá mal.
  • Si reímos mucho, pronto tendremos que llorar.
  • Si es muy bueno para ser verdad, es que no es real.

El fenómeno de vivir esperando el puño

No somos capaces de disfrutar nuestras vidas al máximo porque vivimos, como yo lo llamo, esperando el puño. Vivimos nuestras vidas como si estuviéramos paralizados en el preciso instante de la espera, entre ver que te han lanzado un golpe y recibirlo. Y esa no es manera de vivir.

El porqué de vivir esperando el puño

Vivir esperando el puño (o la decepción, o el problema, o la mala noticia), es una forma de autopreservación. Pensamos que, si esperamos el despido, la traición o el accidente, no dolerá tanto cuando llegue.

Qué equivocación.

Lo único que logramos es arruinar los buenos momentos y vivir en un continuo dolor.

Leí recientemente la historia de un hombre que vivía en constante espera del puño, temiendo que algo le podría pasar a su esposa. La amaba profundamente, y no quería perderla.

Su esposa acabó muriendo en un accidente de tráfico. Haber vivido a la expectativa de que esto podría pasar, no ayudó en nada. La noticia le dolió tal como si nunca lo hubiera esperado.

¿Su gran lamento?

No haber disfrutado más los momentos junto a ella, debido a que siempre estaba temiendo al momento inevitable en que la perdería. Dice que ahora está intentando vivir feliz, libre, sin esperar el puño. Se lo debe a ella.

Cómo ser libres

Demos el paso hacia la libertad.

En mi luna de miel, recién cuando comenzaba mi ataque de pánico, hablé con mi esposa y le expresé lo que sentía.

“Tengo miedo de que esto acabe, porque sé que va a acabar. Esto es hasta que la muerte nos separe, pero ese es justamente el problema, que la muerte nos va a separar. Y no importa que tan magnífico sea el cielo, no creo que allá seas mi esposa, así que un día, esto va a terminar.”

Ella pudo comprender.

Yo pude detener el ataque de pánico antes de que llegara a mayores.

¿Cómo lo hice?

Bajé la guardia. Bajé las defensas que se levantan cuando viene el puño.

Baja tus manos.

No vivas a la defensiva. Olvídate del puño que podría llegar. Respira profundamente. Disfruta tu presente.

Si no hay nada que pueda hacer para evitar una tragedia, no importa cuánto me prepare, me propondré al menos vivir felizmente, como si nunca fuera a ocurrir.

Cuando dejes a tu niño en la escuela y temas lo que podría pasar, cuando te preocupe la economía y tu empleo, cuando alguien te diga que te ama y dudes, baja las defensas por un momento. Si llega la dificultad, dolerá, no importa cuán preparados creamos estar. Así que disfrutemos el momento, para que cuando llegue el puño, si llega, podamos decir:

“Esto es doloroso, pero por todo lo que viví antes… valió la pena este momento de dolor.”

 

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