“¿Estás bien?”: Buscando sanidad y transparencia

Hoy escribo para pedir tu ayuda. Tengo un problema, y sé que no es solo mío. Muchos lo compartimos. Encontremos sanidad juntos, y así mejoraremos nuestras relaciones con los demás.

Photo Credit: FreeImages.com / Felipe Daniel Reis

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¿Estás bien?

Es normal en mí hacerte esa pregunta. Cuando voy caminando por un pasillo en el trabajo, cuando estoy en la iglesia, cuando me encuentro con un conocido en el centro comercial… Solo pregunto, ¿estás bien?, y sigo caminando. La respuesta de la otra persona ni siquiera ha salido bien de sus labios cuando yo ya estoy en otro pasillo de la tienda, buscando un buen champú anti caspa. (No es que yo tenga problemas con la caspa, pero es mejor prevenir, ¿no?)

Es una mala costumbre que tengo (la pregunta, no el champú anti-caspa), pero sé que esto no me pasa solo a mí. Somos muchos los que padecemos de este problema. Algunos, no preguntan ¿estás bien?, sino, ¿cómo estás? Sin embargo, suena igual a los oídos de la gente.

Seamos honestos.

No esperamos ni queremos otra respuesta que no sea “estoy bien”. Vamos tarde para el trabajo, no queremos que alguien nos detenga para contarnos noticias negativas. Si contestaran “estoy mal”, sería un momento incómodo. Estaríamos en la obligación de preguntar qué les ha pasado.

Este es un problema que quiero resolver.

Si en realidad no queremos saber cómo se siente la otra persona… ¿para qué preguntar? Preguntemos con sinceridad y respondamos con honestidad.

La realidad es que, muchas veces, aunque respondemos “estoy bien”, no estamos bien. Estamos cansados, o preocupados, o lastimados, o enfermos, o tristes, o aburridos, pero la respuesta siempre es: “bien“.

Entiendo que debemos declarar cosas buenas sobre nuestra vida, pero muchas veces decir “bien” es simple y llanamente mentir.  Se puede ser positivo ante la adversidad, y tal vez no tienes que contarle tu vida a cualquiera que te encuentras en la calle, ¿pero qué tal si fuésemos un poco más honestos, al menos con aquellas personas cercanas a nosotros? ¿Qué pasaría si cuando preguntara a alguien cómo está, esperara realmente interesado por su respuesta y estuviera dispuesto a escuchar?

¿Qué ganamos siendo más honestos?

Con la honestidad y transparencia se crean puentes. Las relaciones se hacen más firmes. Podemos sanar. Encontramos palabras de aliento. Nos damos cuenta de que no estamos solos en el mundo. Nos preocupamos y nos cuidamos los unos a los otros. Reconocemos que, después de todo, nuestros problemas no eran tan grandes.

Quitémonos las máscaras. Y tú, ayúdame a mí a ser una mejor persona. Cuando me veas en la calle y te pregunte si estás bien, por favor, te suplico, respóndeme:

“¿Y qué te hace pensar que la respuesta va a ser bien?”

Hazlo, incluso cuando la respuesta que me des luego sea: “Pero sí, estoy bien.”

No importa si me haces llegar tarde al trabajo. En el fondo, te lo agradeceré. Muy en el fondo tal vez, justo en la parte de mí que quiere ser cada día un mejor ser humano.

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