¿Amo la cerveza más que a Dios?

“Amo la cerveza más que a Jesús.”

Ese era el título del artículo (en inglés) que capturó mi atención al instante.

Las palabras me chocaron, me indignaron, me dolieron.

¿Cómo alguien podría decir algo así?

Entonces, comencé a leer. Y me di cuenta de que, yo también, amaba la cerveza más que a Jesús.

Photo Credit: FreeImages.com / Owen Parry

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No  amo a la cerveza literal. A esa, no la amo ni un poco. Tengo que reconocer que no me gusta la cerveza, nunca me ha gustado.

Mi cerveza, era otra.

Tu cerveza

El autor usaba la cerveza como sustituta de otra palabra: “ídolo”. Un ídolo es eso que has puesto en el primer lugar de tu vida, un lugar que le corresponde solo a Dios. En el caso específico del autor, su ídolo sí era literalmente la cerveza. Y un día se dio cuenta del problema. Había logrado justificarse anteriormente. Se decía a sí mismo que solo se tomaba una cerveza diaria luego de salir del trabajo. No era un alcohólico.

Hasta que Dios abrió sus ojos.

Estaba usando la cerveza para calmarse y manejar sus emociones, lo que se supone que hiciera Dios. Disfrutaba más tomar una cerveza que pasar tiempo en oración con Dios. Tomar una cerveza era un hábito, aún más importante que Dios. Si no tomaba la cerveza, se sentía mal, pero no si dejaba de leer su Biblia. Esa sencilla cerveza diaria se había convertido en su nuevo Dios.

¿Acaso no nos pasa a nosotros también?

Decimos que Dios es lo primero en nuestras vidas. ¿Pero es eso verdad? En realidad, lo que Dios anhela entregarnos, lo buscamos en otras personas y cosas. Buscamos fuera de Él consuelo, amor, validación, poder, satisfacción, inspiración, placer, grandeza, intimidad, paz, creatividad y tantas otras cosas. Buscamos en nuestros hijos, nuestros trabajos, nuestra reputación, en un McDonalds, en la pornografía, en la cafeína…

Decimos que amamos a Dios más que a nada en el mundo. Sin embargo, a quien tú ames más, le dedicarás la mayor parte de tu tiempo. ¿Le dedicas la mayor parte de tu tiempo a Dios? Si tú amas a alguien, se lo dirás continuamente. ¿Con qué frecuencia le dices a Dios que lo amas? Si amas a alguien, lo demuestras con tus acciones. ¿Qué estás haciendo para demostrarle a Dios cuanto lo amas? A ese alguien que ames más, lo escucharás por encima de las demás voces. ¿Estás escuchando a Dios de verdad y haciendo lo que te pide?

Si hay algo a lo que le dedicas más tiempo que a Dios, lo disfrutas más de lo que disfrutas estar con Dios, lo sigues o lo escuchas más que a Dios y prefieres pasar más tiempo con eso que con Dios, te tengo una noticia.

Tal vez no te atrevas a decirlo en alta voz, pero a “eso” lo amas más que a Dios.

Ese es tu ídolo. Esa es tu cerveza diaria.

Cuando leí ese artículo por primera vez, lloré sintiéndome culpable.

Luego, en oración, me atreví a decirle a Dios:

“Señor, creo que amo a mi esposa más de lo que te amo a ti. ¡Ayúdame a amarte más!”

“Señor, creo que amo la televisión más de lo que te amo a ti. ¡Por favor, te lo suplico, enséñame a amarte más!”

“Señor, creo que me amo a mí mismo más de lo que te amo a ti. ¡Dios, ten misericordia de mí!”

Fue duro reconocerlo. Pero los resultados… oh, qué grandiosos han sido.

Los resultados

No puedo decirte que cada ídolo que había en mi vida se ha derrumbado completamente, pero sí puedo decirte con certeza que ahora, cuando siento que estoy necesitando algo más de lo que necesito a Dios, me detengo y digo: “Señor, estoy amando a ___________ más de lo que te amo a ti. Ayúdame.” Y Dios me ayuda. Y se hace más grande y más presente en mi vida. Y me enseña a amarlo más.

La invitación

Te invito a que hagas una evaluación de tu vida. Sé honesto contigo mismo. ¿Hay algo o alguien que ha tomado el lugar de Dios, algo que prefieres sobre Dios? Díselo. Reconócelo. Él ya lo sabe. Y está presto para ayudarte. Si aún te resulta incómodo confesar esto, usa otras palabras.

Dile:

Señor, estoy prefiriendo __________ antes que a ti.

Estoy dedicando más tiempo a ___________ que a ti.

Estoy disfrutando ___________ más de lo que te disfruto a ti.

Estoy escuchando ___________ más de lo que te escucho a ti.

Ten misericordia de mí.

 

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