Lanza la red otra vez

Maestro, estuvimos trabajando toda la noche y no pescamos nada. Pero si tú lo dices, lanzaré las redes.

-Lucas 5:5

Credit: FreeImages.com / Veronica Moore

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Sigues intentándolo.

Sigues tratando, luchando, intentando salvarlo. Quieres que funcione, que sirva, que se pueda, que se vaya, que vuelva.  Sea lo que sea que quieres lograr, te encuentras cada día haciendo lo mismo, una y otra vez, esperando resultados distintos.

Piensas que tal vez es momento de rendirse, de no intentarlo más…

Han sido demasiados meses intentando que el negocio funcione.

Ha sido demasiado tiempo el que he pasado tratando de salvar este matrimonio (y a veces pienso que todo el trabajo recae sobre mí).

Llevo años luchando con este maldito hábito y no logro dejarlo.

Sigo orando, día tras día, sin fallar, por esa persona, pero el milagro no ocurre.

Lo he intentado todo, me tomo los medicamentos, voy a mis citas, pero la enfermedad no se va.

Me dicen que perdone, pero el dolor sigue allí. La herida no cambia. Le he pedido ayuda a Dios, pero aún no siento que haya sanado.

Sigo todos los pasos correctos, pero la depresión no se va. Sigue igual… o peor.

Quiero que mi relación con ese familiar sea diferente, y cada día intento decir lo correcto, hacer lo correcto, pero parece que nunca es suficiente.

Te entiendo. A todos nos pasa. Todos tenemos una (o varias) luchas con las que cargamos. Y cada día pensamos: “hoy sí podría ser…” pero todo sigue igual.

Y nos cansamos.

No, nos hastiamos.

Nos hastiamos de la espera, del problema, de la persona, de sentir que nuestra plegaria no es escuchada.

Entonces, los amigos, la familia, un blog, o hasta la voz de Dios, parece decirte:

No te rindas. Sigue intentándolo.

¿Es en serio? ¡Pero cuántas veces lo voy a intentar! Te estoy diciendo que ya traté, muchas veces, y no pasó NADA. ¿Para qué seguir haciendo lo mismo?

No eres la primera persona que pasa por eso.

Mira lo que le pasó a Pedro.

Llevaba toda la noche en su bote, intentando pescar. Toda la noche, y nada. Ni siquiera un pequeño pececito. Nada.

Entonces, Jesús le dice que haga algo:

Lanza las redes para pescar.

¿Es en serio? ¿Qué crees que hemos estado haciendo todo este tiempo, sabelotodo?

No, no dijo eso, pero yo lo hubiera pensado.

¿Qué crees que he estado haciendo, sabelotodo? Intentando salvar mi matrimonio, intentado sanar de esta enfermedad, intentando orar, intentando que el negocio funcione, intentando cambiar este mal hábito, intentando ser feliz, intentando reparar la relación, intentando mantener la fe, pero NO PUEDO.

Lo curioso es que Jesús no le da unas instrucciones místicas y radicales a Pedro. No le dice que vaya a otro lago a pescar, o que dé siete vueltas antes de lanzar las redes, ni le ofrece nuevas técnicas de pesca.

Lo que le dice es que siga haciendo LO MISMO, que no se desanime porque hasta el momento no haya funcionado. Ahora sí funcionará.

Qué maravilloso es mi Dios.

A veces, te pide que hagas algo radical o diferente para que seas testigo del milagro. Y en otras ocasiones, te pide que sigas haciendo lo mismo, la misma rutina, y que solo confíes que el milagro llegará.

Y el milagro llegó para Pedro.

Atraparon tantos peces que las redes se rompían.

En un instante, lo que esperaba, ocurrió.

Pedro no hizo nada diferente a la rutina. Y presenció un milagro.

Si Dios te dijera hoy: “inténtalo una vez más”, ¿lo harías?

Si Dios te pidiera que sigas orando, que perdones, que no abandones el negocio, que no termines la relación, que mantengas la esperanza, que creas en ti, ¿lo escucharías? Si Dios te dijera: “no te rindas, escucha mi voz, no te desanimes, tira las redes una vez más”, ¿obedecerías?

Porque lo está diciendo.

¿Lo puedes escuchar?

No te rindas.

No hoy.

NO. TE. RINDAS. HOY.

Lanza las redes.

No tienes que hacer nada diferente, nada mágico, nada radical, solo sigue haciendo tu trabajo.

Piensas que lo que haces no funciona, pero vale la pena, y Dios ve tu esfuerzo. Y un día, lanzarás las redes, como todos los días, y saldrán llenas de peces.

Atrévete a decirle a Dios como le dijo Pedro:

Ya lo hice y no funcionó, llevo tiempo intentándolo y no sirvió, pero como tú me lo pides, bajaré la red otra vez. Como tú me lo pides, lo haré.

No te rindas hoy.

Lanza las redes otra vez… que tu día puede ser hoy.

 

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