Lo bueno da náuseas

Cada vez que tengo que emprender un nuevo proyecto, ofrecer una conferencia, promocionar mi libro, o establecer nuevos hábitos para mi mejoramiento personal, hay una sensación que me abruma:

náuseas.

Cuando llega el momento de enfrentar algo nuevo o que me saca de mi zona de confort, siento “nervios”, que regularmente son acompañados por unas súbitas ganas de vomitar.

Oh, cuántas veces he orado diciendo:

Señor, no permitas que vomite mientras oriento a estos estudiantes acera de técnicas para el manejo del estrés.

Porque las náuseas… son reales.

Sin embargo, estaba equivocado. Las náuseas no son enemigas; son mis mejores aliadas, mis buenas guías.

Cuando emprendemos algo que nos llevará a un nuevo nivel, es normal que nuestros cuerpos hagan lo necesario para impedirlo. El cuerpo es sabio, pero algo tonto. Lo que intenta hacer es alertarte para que evites cualquier experiencia que pueda representar riesgo o peligro, ya sea de miedo, de fracaso, de vergüenza, o de decepción. Eso es sabio. Sin embargo, es medio tonto porque no se da cuenta de que todas las experiencias que te harán feliz, que te harán un mejor ser humano, que te harán sanar y crecer, conllevan un riesgo o un peligro. Comenzar una nueva relación, publicar un libro, tener un hijo, aprender una nueva destreza, dar tu opinión frente a un grupo: todas son experiencias que pueden venir acompañadas de sentimientos de miedo, fracaso, vergüenza o decepción. La única opción que tenemos: enfrentarlas de cualquier modo, y esperar lo mejor.

No obstante, tu cuerpo no entiende eso.

Tal vez en tu caso no sean náuseas, pero te has dado cuenta de algo que sucede en ti cuando emprendes una actividad que te reta a crecer. Podría ser malestar estomacal, tu corazón late más de prisa, cansancio, dolor de cabeza, sudoración, hiperactividad… No importa la reacción, no la tomes como una señal para detenerte. Tu cuerpo podrá creer que esa es la salida, pero no es así. Esa reacción, aparentemente negativa, es el mejor indicativo de que vas por el camino correcto. Es justamente porque crecerás y enfrentarás tus temores que tu cuerpo envía la alerta. Así que toma esa alerta, esos “nervios”, como tu mente preparándose para crecer. ¡Alégrate cuando llega la alerta! Es un aviso de que estás a punto de hacer algo que te hará un mejor ser humano.

En mi caso particular, ya sé cuándo una acción o un evento me traerá crecimiento personal: cuando me provoque náuseas.

¿Has identificado cuál es tu señal?

 

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