La lucha libre me devolvió la serenidad

Dos años estuve sin ver la programación de la WWE.

Luego de vivir muchos años viendo cada evento que presentaban en televisión, en vivo y en Internet, abandoné por completo la lucha libre de esta compañía.

Estaba decepcionado. No me gustaba la dirección que habían tomado las historias, los personajes que habían creado, las luchas que se realizaban. Especialmente, estaba frustrado porque no estaban ganando los luchadores de los que yo era fanático.

Ya no disfrutaba los eventos. Solo me lamentaba pensando como yo hubiera orquestado mejor las luchas, como yo hubiera creado mejores personajes e historias, como yo habría escrito las cosas de manera distinta. Esto no me permitía disfrutar la programación. No aceptaba las cosas como eran.

Por eso, estuve dos años sin mirar un solo programa.

Hace un par de semanas, regresé a casa y volví a ver la WWE.

Photo credit: kennymatic via Foter.com / CC BY

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No fue porque el producto cambiara necesariamente. Algo cambió en . Algo provocó, no solo mi regreso a la lucha; sino también una mejoría en mi actitud frente a la vida.

Las cosas como son

Perdemos tanto tiempo de nuestras vidas negando la realidad y deseando que las cosas fueran distintas, pero sin poder hacer nada al respecto. Pude comprender esta verdad mientras esperaba en una tienda para comprar un nuevo teléfono.

Fueron horas de espera.

Al principio, en los primeros minutos, comencé a quejarme. Sentía la impaciencia dominándome. Puse mi mala cara. Suspiré. Empecé a pensar en todos los culpables de mi desgracia, los no tan buenos deseos que tenía para ellos,  en el hambre que tenía, y en lo cruel que era el universo.

Entonces, me di cuenta de mi error.

Yo tenía dos opciones. Podía marcharme sin el celular, o esperar pacientemente. Esperar de mal humor, peleando y quejándome no iba a hacer que el proceso fuera más rápido. Al contrario, me haría sentirlo más largo y tedioso.

Así que elegí sonreír.

Le hablé con amabilidad a cada una de las empleadas que me atendieron. Una de ellas se disculpó en múltiples ocasiones por la demora, y yo la tranquilizaba, diciéndole que todo estaba bien.

¿Se acabó la espera?

No. De todos modos, tuve que esperar dos horas.

Pero salí de allí no solo con mi teléfono nuevo, sino con una mejor actitud y una gran lección de vida, que quiero compartir contigo:

Cambia para bien las cosas que puedas cambiar, pero aquellas que no puedas cambiar, acéptalas sin lamentarte más. El lamento no conduce a nada. Solo a más lamento. Nuestra única opción es la aceptación radical y tratar de encontrar algo bueno en cada evento que pasamos, incluso en los que parecen completamente negativos.

Mientras esperaba, yo repetía en mi mente que, al acabar la espera, tendría un nuevo teléfono, y una comida caliente que me esperaba en casa. Todo estaría bien.

Y así fue. Todo estuvo bien.

De vuelta a casa

Pude volver a ver la lucha libre porque cambió mi actitud.

No tengo que tener el control de todas las cosas. La vida no tiene que ser perfecta. Hay cosas que están fuera de mi control. Y eso está bien. Trabajaré con las situaciones que pueda mejorar, pero  las cosas que no pueda cambiar, cederé el control, las aceptaré con entereza, y elegiré encontrar lo positivo en el proceso.

No puedo cambiar los libretos ni los personajes de la WWE, pero puedo elegir aceptar el producto como es, con lo bueno y malo que ofrecen. De esa manera, podré disfrutar las buenas luchas, aun cuando yo desearía que fueran más, o que tuvieran un final distinto.

No puedo cambiar mi tiempo de espera, pero puedo aprovechar al máximo ese tiempo y usarlo para servir, para amar, para crecer en fe, para madurar.

No puedo cambiar a las personas que me rodean, pero tengo en mí la decisión de marcharme o quedarme junto a ellas. Y si me quedo, puedo elegir ser un ejemplo de amor con mis acciones.

Sí, hay muchas cosas que no podemos cambiar. Pero las quejas, las peleas y el rendirnos no hacen que cambien tampoco.

La lucha no cambió porque yo me fui, pero me perdí de muchas historias interesantes… por no estar dispuesto a aceptarlas que no lo eran.

Decidí volver a la lucha y decidí volver a apreciar cada instante de mi vida, sin tener que controlar y manipular todo.

Te invito a que hagas lo mismo.

En este mundo, nunca tendremos la vida absolutamente perfecta que soñamos. Pero podemos tener una vida buena si cambiamos de actitud y empezamos a hacer uso de la aceptación radical.

La famosa oración de la serenidad, repetida en cada reunión de alcohólicos anónimos, lo dice mucho mejor que yo:

Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar,

fortaleza para cambiar lo que soy capaz de cambiar

y sabiduría para entender la diferencia.

Viviendo día a día;

disfrutando de cada momento;

sobrellevando las privaciones como un camino hacia la paz;

aceptando este mundo impuro tal cual es

y no como yo creo que debería ser,

tal y como hizo Jesús en la tierra:

así, confiando en que obrarás siempre el bien;

así, entregándome a Tu voluntad,

podré ser razonablemente feliz en esta vida

y alcanzar la felicidad suprema a Tu lado en la próxima.

Amén.


Lección para sanar:

Cambia las cosas que puedas cambiar. Las que no, acéptalas de forma radical y no te quejes más. Las quejas nunca traen sanidad. Acepta tu situación y decide encontrar las lecciones y cosas positivas que podrían estar ocultas ante tus ojos.

Acción para sanar:

Repite la oración de la serenidad diariamente. Comprométete a ceder el control de lo que no puedes controlar y a enfocarte en lo positivo en medio de cualquier circunstancia.

Speak Your Mind

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