Cuando creí que yo era The Maze Runner

Me gustan las películas donde hay persecución, al estilo de The Maze Runner. Estoy al borde del asiento, preguntándome si el protagonista podrá escapar. La respuesta casi siempre es sí. Es el protagonista, después de todo. En la vida real, hay muchas cosas de las que no podemos escapar. Un catarro, la muerte, el tráfico en las mañanas… y un llamado.

Credit: FreeImages.com / Brennan Paezold

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Durante mi juventud, hasta mis 20 años de edad, estuve alternando entre el ateísmo y el agnosticismo. Me era imposible creer en Dios. El concepto me parecía completamente absurdo. Me hacía las preguntas de rutina que muchos ateos alrededor del mundo se hacen:

¿Por qué hay tanto sufrimiento en el mundo si tenemos un Dios bueno?

¿Por qué tantas personas que aseguran ser cristianas se comportan peor que los no creyentes?

¿Cómo es posible que la única forma de ir al cielo sea creyendo en Jesús? ¿Y la gente que nunca escuchó de él? ¡Es injusto!

La Biblia la escribieron hombres, no Dios. ¿Cómo puedes estar seguro de que viene de Dios?

¿No es la evolución algo con mayor evidencia y lógica que la historia de la creación de Adán y Eva?

Estas y muchas otras eran las cuestiones que daban vueltas en mi cabeza. Pero no solo en mi cabeza. Yo les hacía esas preguntas a los creyentes, con el único propósito de hacerles “ver la luz” y que dejaran de “creer en esos cuentos”.

Mi hobbie era quitarles la fe a los cristianos, utilizando la lógica, la razón y la ciencia.

Funcionó en muchos casos. En otros, no tanto. Los asuntos de fe no siempre se derriban con respuestas de ciencia. Así que decidí tomar otro camino en mi lucha campal contra la religión cristiana. Comencé a leer todos los libros de religión que encontrara, incluyendo la Biblia casi completa. Todo era con el propósito de demostrarles a los cristianos lo equivocados que estaban, encontrando las inconsistencias que había en su sistema de creencias.

Y así lo hice.

Al menos por un tiempo.

Mientras esto sucedía, parecía que yo estaba en mi propia película de escape y persecución. Era como si este “Ser Supremo”, que para mí no existía, y la gente que en él creía, estuvieran tras de mí.

  • Me dejaban tratados cristianos frente a mi casa.
  • No podía parar de comprar esos libros, aún sin creer en su contenido.
  • Mi madre se convirtió al cristianismo.
  • Mis amigos también.
  • Mis amigos me invitaron a una iglesia, a la que asistí para, claro, burlarme de todos. (Incluso, allí repetí la “oración de salvación”, muerto de la risa en mi interior al ver que esa gente “religiosa” fuera tan ingenua de creer que una persona “inteligente” como yo le entregaría mi “corazón” a un amigo imaginario.)

Con toda esa persecución… Nada me convenció, en realidad. No me habían atrapado.

Entonces, un día, compré una novela cristiana: Cena con un perfecto desconocido, de David Gregory.

La leí completa. Esto fue lo que pasó:

La odié con todo mi corazón.

La odié por completo, y odié aún más al cristianismo, a los cristianos y a todos aquellos “santurrones hipócritas”. Ya no me eran indiferentes o me parecían ridículos, ahora los detestaba.

Al terminar, tiré el libro, lleno de rabia, diciendo:

Esta gente se cree superior a mí. No voy a tratar más con ellos. ¡Que se queden en su ignorancia! No leeré más esta basura.

Fue el libro que más odié en mi vida.

Al día siguiente, fui a la librería y me compré la segunda parte, Día con un perfecto desconocido.                             

Lo sé. Ilógico e irracional.

O un plan divino perfecto.

Esta vez, pareció que la historia se repetiría, pero fue diferente.

Mientras leía la novela, algo pasó cerca del final.

Tuve que detenerme.

En un instante, sentí como si cayeran escamas de mis ojos. Como si toda la vida hubiera estado vendado, con una venda tan firmemente apretada en mi cabeza que no me había dejado pensar con claridad hasta ese momento. Sentí como si hubiera estado viviendo en un lugar lleno de neblina, y ahora desaparecía, y veía claramente por primera vez.

Sentí paz.

Mis palabras, en voz alta, fueron estas:

“Todo… ¡Todo es cierto!”

Estaba maravillado. En un instante, mientras leía esta novela en mi casa, había quedado convencido. Comprendí que Dios es real, que Jesús es el camino a la salvación, y que la Biblia es su Palabra.

¿Cómo había sucedido esto?

No solo eso, sino que todo lo que había leído antes, incluyendo la Biblia, ahora hacía perfecto sentido. No estaba llena de inconsistencias. Estaba llena de verdades y de vida.

Allí en mi cuarto, me arrodillé y oré.

Y le entregué mi corazón a ese amigo, que no era para nada imaginario.

No sé cómo explicar mi historia de salvación que no sea diciendo que fue una película de persecución.

Dios me estaba persiguiendo, y yo pensaba que podía escapar.

Y yo estaba corriendo, tratando de alcanzar algo, y no sabía que ese algo era Dios.

En las películas, siempre se escapa.

En la vida real, no.

No puedes escapar de Dios.

Si has sentido que ese “amigo imaginario” y la “gente de la religión” te han estado persiguiendo, y estás molesto por eso, te tengo buenas y malas noticias.

La mala: Vas a perder. No podrás escapar.

La buena: Será el momento más maravilloso de tu vida cuando al fin te alcancen.

 

¿Tienes en tu mente algunas de las preguntas que yo me hacía en mis tiempos de ateo? Entiendo perfectamente dónde te encuentras (y yo encontré algunas respuestas), así que estoy abierto para conversar. También estoy abierto para un buen debate.

Solo escríbeme un email a: gonzalez@sanandoconcreatividad.com

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