Y se tragó el miedo (Cuento)

El pequeño Rob siempre soñó con una gran aventura, pero no se había atrevido a vivirla… hasta ahora.

El miedo era mayor que el deseo de experimentar nuevos retos y descubrir grandes tesoros… hasta ahora.

Sus padres lo necesitaban. Su familia lo necesitaba. Su casa lo necesitaba. No podía fallarles, así que tomó su pequeña espada de madera que guardaba en la última gaveta de su mesa de noche, y partió en búsqueda del Santuario de las Riquezas.

Al salir de su casa, el miedo lo golpeó con fuerza. Comenzó a temblar. Era peligroso lo que haría. Sin embargo, no podía volver atrás. Su madre necesitaba los medicamentos, y ellos no contaban con los recursos para costearlos. Dentro del Santuario de las Riquezas, encontraría lo que necesitaba para sanar a su madre, y mucho más.

Nadie le había creído cuando dijo que un mago le reveló en un sueño la existencia del santuario y sus tesoros. Por esa razón, tuvo que partir solo, decidido a enfrentar cada uno de los retos y pruebas.

Primero, el Mar de las Calamidades.

Rob debía subir a un barco pirata llamado “Resiliencia” y navegar sobre el bravo mar.

A Rob no le gustaban los paseos en barco, y mucho menos las calamidades, sin embargo, sabía que, para alcanzar lo que necesitaba, tenía que pasar sobre las calamidades. Sí, sería sacudido, tal vez se sentiría perdido y, probablemente, terminaría empapado, pero el único camino al santuario era pasando por encima de las calamidades.

Así que se tragó su miedo, subió al barco “Resiliencia”, y navegó.

Fue duro, pero lo logró.

Ya en el otro lado del Mar de las Calamidades, tenía que enfrentar un segundo reto: volar sobre el Abismo de las Circunstancias.

Un inmenso y profundo abismo lo separaba del santuario, de su meta. Debía subirse sobre las alas de un mítico pájaro llamado “Fe”, y con él, remontar a las alturas, sobre el Abismo de las Circunstancias.

Tuvo mucho miedo. Comprendía que el abismo era peligroso y que las circunstancias no eran ideales. Además, le tenía un poco de miedo a las alturas. No obstante, sabía que para llegar a la cima era necesario volar, y para volar, tenía que cerrar los ojos, ignorar los peligros bajo él, no mirar las circunstancias, y confiar en “Fe”.

Así que se tragó su miedo, subió sobre el ave, y voló.

El viaje tuvo altas y bajas, sacudiones y sustos, pero agarrado de “Fe”, logró llegar al otro lado.

Frente a él, ahora estaba el inmenso Santuario.

Entró sin pensarlo dos veces.

Ahora solo restaba subir las Escaleras de los Retos que le llevarían al último piso del santuario.

La escalera era muy alta y sus escalones enormes. Si miraba hacia arriba, no veía el final de la gran escalinata.

Rob tuvo miedo. Se sentía agotado de solo pensar lo que tendría que caminar para lograrlo… ¡pero estaba tan cerca del final!

Miró hacia el lado. Justo en la entrada, estaba el calzado adecuado. Se quitó sus viejas botas y se calzó con los zapatos deportivos marca “Esfuerzo”. Le permitirían subir y correr y saltar con mayor facilidad.

Así que se tragó su miedo y comenzó a subir.

Fue largo el camino, y muchas veces pensó rendirse, pero no lo hizo. El calzado “Esfuerzo” ayudó.

Cuando llegó a la cumbre, sus ojos se llenaron de lágrimas. Los más valiosos tesoros estaban ante él.

Dio gracias a Dios por sus zapatos de “Esfuerzo”, por el pájaro amigo “Fe” y por el barco “Resiliencia”.

Lo había logrado.

Compraría los medicamentos.

Su mamá estaría bien.

Y él, había vivido la aventura de su vida.

Sonrió al darse cuenta de algo: el miedo nunca se fue. Sin embargo, logró llegar a su meta. Valía la pena recordar eso para la próxima aventura.

Así que, agarrando todo el tesoro que pudo, y tragándose el trazo de miedo que todavía le quedaba, Rob se apresuró a comenzar a bajar la escalera, para una vez más volar sobre el abismo, y navegar sobre el mar, y así, regresar a casa.

FIN.

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