La clave de la felicidad está en las pantuflas

Hace un tiempo, mi esposa asistió a una conferencia en el otro lado de nuestra isla. Lejos de casa, tuvo una situación de emergencia, recién llegando al hotel donde se llevaría a cabo la actividad.

Credit: FreeImages.com / Teodora Vlaicu

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Se le rompió un zapato.

Por alguna razón, para ella esto era importante, y no se sentía cómoda caminando con un solo zapato por todo el hotel. Estaba a más de dos horas de distancia de casa y sin auto, ya que una amiga la había llevado.

Todo indicaba que sería un día horrible.

¿No nos pasa a todos?

Creemos que tendremos un buen día (o una buena semana, o un buen año, o una buena vida), y entonces, las cosas pasan. Empiezan a llegar los problemas, a veces uno tras otro, y comenzamos a creer que somos un imán de mala suerte.

Pero, repentinamente, sucede algo.

Un empleado del hotel, para intentar ayudarla, hizo lo que en sus manos era posible: le regaló unas pantuflas gigantescas que consiguió en el spa. Puedo imaginarme la cara de horror de mi esposa al pensar que tendría que estar todo el día con unas pantuflas tamaño 11 cuando ella es talla 6.

No era una situación perfecta, pero las aceptó agradecida. Era mejor que estar descalza. Así que pasó toda la conferencia en pantuflas hasta llegar a la casa.

¿Cuál será nuestra actitud?

Cuando enfrentamos problemas o tribulaciones, es fácil enfocarnos en todo lo negativo. Nos concentramos en los zapatos rotos: en la vergüenza, en el dolor, en la frustración, en la impotencia de no poder hacer algo al respecto, en lo lejos que estamos de casa.

Creo que es hora de cambiar nuestra perspectiva.

¿Cuáles son tus pantuflas?

Deberíamos comenzar a mirar nuestras pantuflas, esas pequeñas bendiciones que parecen insignificantes o insuficientes, pero que nos ayudan a seguir adelante en medio de la dificultad.

Son esas palabras de aliento que te da un amigo.

Es ese abrazo que te da tu hija.

Es ese buen libro que te da esperanza.

Es esa sonrisa que te da un desconocido en el camino.

Es ese pedazo de pan que todavía tienes cuando no hay dinero para más.

Piensas que no es suficiente, pero lo es. Gracias a esas “pantuflas” puedes seguir adelante.

Comencemos a agradecer los pequeños momentos de gracia. Comencemos a buscar las pequeñas bendiciones que nos siguen, aún en el más oscuro de nuestros días. Saquemos nuestra mirada de los zapatos rotos (de la relación rota, del corazón roto, del sueño roto) y comencemos  a dar gracias por las pantuflas: los pequeños detalles que nos ayudan a recordar que aún hay esperanza y que sí existe un Dios.

Encuentra tus pantuflas.

Te reto a que en tu próxima crisis, problema o mal humor, te detengas un momento, respires profundo y consideres:

¿Dónde están mis pantuflas? ¿Cuáles son las cosas por las que aun en medio de este proceso difícil puedo dar gracias?

Entonces, aférrate a ellas.

No te quejes porque tus pantuflas, esas bendiciones, no son de tu tamaño, o no son perfectas, o son temporales. Simplemente da gracias a Dios porque las tienes.

Hay dos tipos de personas en el mundo:

Están aquellas que tienen un día horrible porque se le rompieron los zapatos, y aquellas que le dan gracias a Dios por las pantuflas.

¿Qué tipo de persona quieres ser tú?

Yo, por mi parte, aprenderé a valorar mis pantuflas.

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