La parábola del Buen Ateo

¿Has escuchado o leído la parábola del Buen Samaritano?

Sí, esa que Jesús contó y está registrada en la Biblia.

Prepárate para vivirla como nunca antes.

Credit: everystockphoto.com / Sbhland

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Es la historia de un hombre judío que bajaba de Jerusalén a Jericó y fue atacado por ladrones. Le quitaron la ropa, le pegaron y lo dejaron medio muerto al costado del camino. Un sacerdote pasó por allí de casualidad, pero cuando vio al hombre en el suelo, cruzó al otro lado del camino y siguió de largoUn ayudante del templo pasó y lo vio allí tirado, pero también siguió de largo por el otro lado. Entonces pasó un samaritano despreciado y, cuando vio al hombre, sintió compasión por él. Se le acercó y le alivió las heridas con vino y aceite de oliva, y se las vendó. Luego subió al hombre en su propio burro y lo llevó hasta un alojamiento, donde cuidó de él. (Lucas 10:30-34 NTV)

Es una historia hermosa.

Los religiosos ignoraron al hombre herido, pero un hombre de Samaria, tuvo compasión de él. Lo dramático de la historia es que los judíos pensaban lo peor de los samaritanos. Eran la gente que nunca llegaría a Dios. Pero fue ese samaritano el que se detuvo a ayudar, mientras que el sacerdote y el ayudante del templo siguieron su camino.

Considero que en el día de hoy, la gente no entiende el impacto de la historia. Pensamos:

Ay, un samaritano lo ayudó, qué lindo, así soy yo, un buen samaritano.

Pero no es de eso que trata la historia.

¿Quieres experimentar la historia como la vivieron los judíos que la escucharon por primera vez? ¿Quieres comprender de verdad de qué trata?

Déjame ayudarte entonces.

Solo debes cambiar un poco los personajes para hacer representaciones actuales del religioso, del ayudante y del despreciado.

El sacerdote podría ser un pastor, un evangelista, un profeta, un líder religioso.

Pasó, y siguió de largo.

El ayudante del templo podría ser un líder de adoración, un pastor de jóvenes, un ujier, un maestro de escuela bíblica.

Pasó, y siguió de largo.

El samaritano  despreciado podría ser cualquier persona contra la que tú sientas algún prejuicio, que no te agrade, que consideres pecadora,  o que sea despreciada por la sociedad.

Piensa por un momento quién sería tu samaritano, cuál sería esa persona de la que no te imaginas recibiendo ayuda.

Y vive la historia otra vez.

Imagina…

Entonces pasó un homosexual, y cuando lo vio, tuvo compasión de él.

Entonces pasó un político, y cuando lo vio, tuvo compasión de él.

Entonces pasó un testigo de Jehová, y cuando lo vio, tuvo compasión de él.

Entonces pasó un adicto a drogas, y cuando lo vio, tuvo compasión de él.

Entonces pasó un religioso fanático, y cuando lo vio, tuvo  compasión de él.

Entonces pasó un ateo, y cuando lo vio, tuvo compasión de él.

Ahora estás viviendo la historia.

¿Te escandaliza? ¿Te sacude? Esa es la idea.

Jesús contó esta historia para hacerle entender a la audiencia quién es nuestro prójimo. Espero que tú lo puedas entender hoy.

Todas las poblaciones que mencioné, y cualquiera que tú hayas podido pensar… allí están tus prójimos.

No son gente de segunda categoría, no empiezan a ser tus prójimos cuando se convierten a tu religión (o cuando abandonan su religión). Hoy, ellos son tus prójimos, aunque puedas diferir de ellos en mil cosas distintas. Y si te asaltaran y te dejaran tirado a un lado del camino, uno de ellos te podría ayudar.

Y si tú no eres capaz de ser el buen samaritano de esas personas, solo te puedo decir:

No te engañes. No eres ningún buen samaritano. Tú eres el sacerdote o el ayudante de la historia.

Arrepiéntete y comienza a aprender a amar.


Lección para sanar:

El mandato de Jesús es claro: Amar a mi prójimo como a mi mismo. Vivir diciéndole a la persona cómo no nos agrada, lo perversa que es, o lo ignorante que es, no es una manera de amar. Amar es servir, amar es entrega. Amar es lo que hizo el buen samaritano.

Acción para sanar:

Ama. Comienza a amar de verdad a las personas que son diferentes a ti o piensan diferentes a ti. Ámalas de una manera práctica. Escucha sin criticar, haz un regalo, dile que les amas, comparte con ellas un día, regala un abrazo, pregunta cómo puedes ayudar, no publiques mensajes ofensivos para ellas en las redes sociales. Amar no es cambiar tus opiniones ni convicciones, pero tampoco es decir que amas y luego no medir tus palabras de odio. Amar es AMAR.

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Comments

  1. heysha hernandez says:

    si,tienes razón,esto es verdad y lamentablemente pasa mucho,que dicen ser buenos,pero no lo son en realidad,lo otro que me entristece es que cuando una persona es buena de verdad,la utilizan cuando le conviene y cuando esa persona necesita,le dan la espalda,es triste,pero es la realidad,y esa persona por no querer hacer daño u ofender,mejor permanece callada y siguen aprovechandece…

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