Vive mejor: Aprecia los pequeños momentos

“¡Guapo!”

Al escuchar el llamado, sentí que se me helaba la sangre.

Estaba sacando la basura cuando escuché el grito tan claro.

“¡Guapo!” me llamaba la voz.

Obviamente, no podía ser nadie más. Era mi esposa, la única que me llama así.

Pero… ella estaba durmiendo.

FreeImages.com / Fa Snail

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Mi mente comenzó a correr a toda velocidad. Los pensamientos que comparto aquí rondaron mi mente en un par de segundos, mientras caminaba hasta nuestra habitación y me daba cuenta de que la puerta estaba cerrada y ella seguía durmiendo.

Por alguna razón, me sentí embargado por la emoción, la nostalgia, los recuerdos.

No podía estar llamándome, porque dormía.

Entonces, pensé en las personas que, luego de la pérdida de un ser querido, cuando estos duermen para siempre, siguen escuchando sus voces. Esto tiene una explicación más psicológica que mística, que se resume en esto: Se acostumbraron a sus voces y las extrañan inmensamente, por lo que su mente las imagina.

Me detuve frente a nuestra habitación y medité.

Si mi esposa faltara, si estuviese creyendo que escucho su voz, pero no fuera capaz de ir a la habitación por ella, ¿qué sería lo que extrañaría? ¿Qué sería lo que escucharía?

¿Te has detenido a pensar qué cosas extrañarías si la persona que más amas no estuviera contigo?

Leía un libro recientemente que decía que las cosas que las personas extrañan y recuerdan no son grandes gestos y momentos. Son las cosas del día a día.

Padres que han perdido un hijo desearían tenerlo otra vez corriendo por toda la casa, aunque cuando estaban con vida, lo regañaban.

Viudas sonríen al recordar como su esposo dejaba siempre la tapa del inodoro levantada.

Hijos recuerdan con añoranza cómo su madre era incapaz, de tan siquiera enviar un mensaje por Facebook sin pedir ayuda.

Amigos darían todo por salir a comer un helado con aquella persona que se fue.

Hombres lloran deseando que su esposa estuviera viva, aunque fuera para reclamarles por no haber sacado la basura.

En ese momento, luego de imaginar la voz de mi esposa, sentí un nudo en la garganta.

Si ella no despertara más, extrañaría su ceño fruncido cuando se enoja, su cara de concentración frente a la computadora cuando lee uno de mis blogs, su apariencia soñolienta y despeinada cuando se despierta. Extrañaría sentir su cuerpo cerca del mío cuando me abraza, echaría de menos su rostro de frustración cuando la obligo a jugar Pokémon.

Cosas del día a día.

Esas cosas que muchas veces pasamos por alto, son las que más recordaremos de nuestros seres amados.

¿Qué tal si empezamos a disfrutarlas y apreciarlas más?

En el mismo libro que mencioné anteriormente, la autora cuenta la historia de un pasadía que tuvo con su hija. Casi finalizando el día, mientras estaban dando un paseo en bote en un lago, la niña cerró los ojos mientras sonreía. Estuvo así por varios minutos. La madre, extrañada, le preguntó si todo estaba bien. La niña le respondió que sí. Le dijo que había disfrutado tanto el día que estaba tomando una foto mental para guardarlo para siempre en su memoria.

Oh, si nosotros aprendiéramos a valorar cada momento con aquellas personas que amamos. Si tomáramos fotografías mentales y dijéramos: “Este será un momento que atesoraré cuando no estés.”

Si recordáramos que incluso las manías, defectos y discusiones con los seres amados, serán momentos que desearemos volver a vivir cuando ellos no estén.

Luego de ese momento, de imaginar la voz de mi esposa, me senté a escribir, para no olvidar. Quiero recordar en todo momento que nuestro tiempo juntos no durará para siempre, no para vivir lamentándome, sino para vivir dando gracias a Dios por cada instante que vivo con ella.

Y cuando termine de escribir por hoy, abriré la puerta del cuarto y me quedaré observándola dormir. Y la veré despertar. Y luego cerraré mis ojos por unos momentos y guardaré mi propia foto mental del momento.

Y si ella se va de este mundo antes que yo, cuando ya no esté, y yo escuche en mi mente su voz que me dice ¡Guapo!, volveré a cerrar mis ojos, recordaré su carita al despertar, y aun con lágrimas en mis ojos, le daré gracias a Dios por los bellos momentos que me dejó vivir. Y aunque sea un producto de mi imaginación, le responderé:

Te amo, baby. Te amo mucho más.


Lección para sanar:

Apreciemos los momentos sencillos con aquellas personas que amamos. Apreciemos cada detalle y cada instante que compartimos, incluso las cosas que nos irritan de ellos, porque esas serán las cosas que valoraremos y recordaremos cuando ya no estén.

Acción para sanar:

Tengo dos acciones hoy para ti. Primero, toma fotos mentales de los momentos bellos que vives con tus seres amados. Tómate unos segundos para reflexionar en ellos y agradecer a Dios por tenerlos. Si puedes, escribe acerca de esos instantes para que los recuerdes por siempre. Y en segundo lugar, cuando vivas momentos de tensión y discusión, cuando un ser amado haga algo que te irrite, detente un momento antes de reaccionar con rabia. Respira profundo y medita. Esa persona podría no estar hoy contigo, y si partiera de este mundo, seguramente darías todo por solo ser irritado por ella. Así que toma las cosas con calma, dialoga para resolver el asunto y recuerda que los problemas son pasajeros, pero el amor, es eterno.

Comments

  1. Heysha hernandez says:

    Si,es verdad,aveces dejo de hacer mis cosas para compartir mas con la familia y los sobrinos,sobre todo los sobrinos pequeños que tan solo con que ellos vean que los estas viendo y le prestes atención se ponen super felices,algo que tal vez parezca una tonteria para muchos pero no lo es y pues luego me siento mucho mejor tambien XD

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