Adiós, profesor Snape: El impacto del arte en una vida

Hace unos días, el mundo perdió al gran actor Alan Rickman, mundialmente conocido por dar vida al profesor Snape en las películas de Harry Potter. La noticia, me golpeó fuerte. Mucho más de lo que hubiera pensado. Este escrito es mi búsqueda de entender el por qué.

Photo Credit: FreeImages.com / Jenny Rollo

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En el momento que leí la noticia de la muerte de Rickman, en solo un instante, mis ojos se llenaron de lágrimas, al tiempo que mi mente se inundaba de imágenes y recuerdos.

 

Lloré por la pérdida de un maravilloso actor, pero lloré por mucho más.

 

Lloré recordando cuando mi mamá me compró el primer libro de Harry Potter como regalo de cumpleaños, siendo un niño aún. Recordé cuando me dijo que me tenía un regalo, pero que no lo podía ver hasta el gran día y, en mi curiosidad, busqué por toda la casa, hasta dar con el lugar donde lo había ocultado. Salté de la emoción, pero en silencio, y volví a esconderlo, para luego fingir sorpresa cuando me lo entregó. Lloré porque el tiempo ha pasado. Lloré porque, aunque podría visitar a mi mamá todos los días, no viviré nunca más con ella, ni buscaré regalos escondidos en el clóset, ni esperaré con emoción a los Reyes Magos, ni imaginaré que seré un superhéroe cuando sea grande, ni recibiré un helado por mis buenas notas o cinco dólares por recoger mi cuarto. Lloré por mi infancia y mi inocencia, porque nunca vuelven.

 

Lloré mientras pensaba en los debates causados por una escena en un libro y una película de Harry Potter: ¿Es el profesor Snape un héroe o un villano? No importaba de dónde fueras, podíamos entablar una conversación si habías visto la película o leído el libro. No nos dábamos cuenta del vínculo que se había creado. Lloré porque es muy difícil darnos cuenta y apreciar las cosas que nos unen. Lloré porque es triste que necesitemos tragedias para recordar que somos un mismo pueblo. Lloré también recordando que perdí en el debate; siempre pensé que Severus Snape era el villano, y  resultó ser el héroe más valiente de todos.

 

Lloré al recordar cuando leí el último libro de Harry Potter, sentado en el suelo de una librería, sin dinero para poder pagarlo. Me sentía derrotado y desanimado, hasta que ese mismo libro me dio inspiración. Recordé cómo, en momentos de desesperación, Dios utilizó un libro de ficción para confirmarme que tenía el control de todas las cosasLloré porque Dios ha tenido misericordia y gracia sin límites para conmigo, y tanta gente se está perdiendo este regalo.

 

Lloré al recordar que fui al cine con mi hermana a ver la última película de Harry Potter. Lloré al recordar nuestra emoción, nuestras risas, nuestras lágrimas, mientras atesorábamos un momento juntos, un momento efímero, pero que era todo nuestro, y que alguien que no fuera un fan no podría jamás entender. Lloré porque esas películas habían sido un lazo entre nosotros, y porque sabía bien que la partida de Alan Rickman lo sería una vez más. Lloré de agradecimiento por mi familia, por las experiencias vividas, por los recuerdos…

 

Y mientras recordaba, lloré porque pude entender el poder inmenso del arte, de un actor, de un personaje, de un libro, de una película. Bien lo dijo Alan Rickman:

“Los actores son agentes de cambio. Una película, una obra de teatro o un libro pueden hacer la diferencia. Pueden cambiar al mundo.”

Siempre agradeceré a Alan Rickman por todo lo que una actuación pudo hacer, por estas valiosas lágrimas y estos poderosos recuerdos. Siempre atesoraré el recuerdo de su grandiosa interpretación del profesor Snape.

Y a ti que eres artista, que pintas, que cantas, que danzas, que actúas, que escribes, que creas… nunca dejes de hacerlo, aunque no veas resultados instantáneos. No sabes el impacto que podrías causar en una vida.

 

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