El Sábado de la Espera

Todos recordamos el Jueves Santo de la Última Cena, el Viernes Santo de la Muerte, el Domingo precioso de la Resurrección.

¿Pero y el sábado?

Ese es el Sábado del que no nos gusta hablar, porque es el Sábado de la Espera. Es el tiempo que pasa entre el final y el comienzo, la pérdida y la recuperación.

Credit: FreeImages.com / M Nota

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El Sábado de la Espera es el tiempo entre la muerte de Jesús y su resurrección.

Todos hemos tenido una temporada así.

Un tiempo de incertidumbre, desesperación y espera.

Ese Sábado de la Espera se parece al tiempo entre dejar a tu niño por primera vez en la escuela y el momento en que regresa a casa y lo tomas en tus brazos.

Ese Sábado de la Espera se parece al tiempo que pasa entre ordenar tu comida y poder saborearla al llegar a la mesa.

Ese Sábado de la Espera se parece al tiempo que transcurre entre perder tu trabajo y encontrar uno nuevo.

Ese Sábado de la Espera se parece al tiempo entre la muerte de un ser querido y el día en que nos reuniremos con él de nuevo.

Ese Sábado de la Espera se parece al tiempo entre el diagnóstico del médico y la noticia final de que el tratamiento sí tuvo éxito.

Ese Sábado podría parecer absurdo, un dolor innecesario que nos hace preguntarnos:

¿Vale la pena sufrir el Sábado y esperar al Domingo?

Preguntémosle a los discípulos de Jesús. Preguntémosle a  su madre. Preguntémosle a las mujeres que fueron al sepulcro a ver un cadáver y encontraron ángeles, y piedras removidas, y la confirmación de que el Mesías había resucitado.

Si pudiéramos preguntarles, creo que nos dirían que vale la pena la espera, y que podemos encontrar propósito en medio de ese Sábado oscuro.

El Sábado de la Espera nos hace acercarnos y aferrarnos a nuestros seres amados.

El Sábado de la Espera nos hace pensar en Dios y recurrir a él, aunque sea solo con preguntas o quejas.

El Sábado de la Espera nos obliga a ceder el control y entregárselo a un Ser Supremo.

El Sábado de la Espera nos hará valorar más el Domingo, cuando llegue al fin el reencuentro, la vida, la promesa, la resurrección.

Recibe ánimo. No pienses ni por un instante que estás solo cuando vives tu propio Sábado de la Espera.

A todos nos pasa. A Dios también.

El Sábado de la Espera se parece al tiempo que pasa entre el momento en que Dios te crea y el momento en que al fin decides aceptarlo en tu vida y entregarte completamente a él. Si aún no lo has hecho, Dios está viviendo su propio Sábado de la Espera, esperando por ti. Pero lo hace con paciencia. Sabe que cuando por fin llegues a él, todo habrá valido la pena. Y por ti, está dispuesto a vivir todos los Sábados de Espera del mundo.

Reflexionemos hoy.

Celebremos y agradezcamos los Jueves, aquellos días en que sentimos que lo teníamos todo. Valoremos los Viernes, los momentos que cambiaron todo. Apreciemos los Sábados, las temporadas en que estuvimos seguros de que lo habíamos perdido todo. Y esperemos expectantes nuestro Domingo, confiando en la  promesa segura de que viene la restauración.

Ningún Sábado, ni ninguna espera, dura para siempre.

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