Sobreviviendo la decepción: La bendición de las segundas oportunidades

Hace algún tiempo, visité dos iglesias en un lapso de dos semanas. En una, tuve una experiencia traumática y vergonzosa. En otra, mi vida fue completamente transformada.

Photo Credit: FreeImages.com / David Reimer

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Ambas iglesias estaban celebrando la Santa Cena o Comunión en los días que asistimos, un momento de recordación en que la iglesia consume pan y vino (o jugo de uva), como recordatorio de la Última Cena de Jesús con sus discípulos.

 

Primera experiencia: Iglesia #1

En la primera iglesia que visitamos, cuando llegó el momento de la comunión, el pastor explicó que la Comunión era solo para personas creyentes en Jesús, bautizadas y miembros de la iglesia. Nadie más podría participar. Cerró su explicación diciendo:

“Si usted no cumple con esos requisitos, puede irse ahora, o quedarse y solo observar.”

No fue una broma.

Mi esposa y yo éramos las únicas visitas. El oficiante de la cena nos había solicitado que nos marcháramos del templo mientras ellos comían. Me quedé sentado, confundido, pensando que tal vez entendí mal. Supuse que, como yo sí creo en Jesús y sí he sido bautizado, podría participar.

No fue así.  Ellos no sabían ese dato, ni preguntaron tampoco.

Al llegar a mi línea, nos saltaron, dejándonos sin pan ni vino, mientras el resto de los presentes comía. Nadie ni siquiera nos miró.

 

Segunda experiencia: Iglesia #2

Una semana después, visité otra iglesia por primera vez. En esta, también participarían de la Santa Comunión. Al darme cuenta, creo que mis palabras fueron algo como:

“No puede ser…”

Estaba prejuiciado y asustado por la pasada experiencia. Con una sola visita, la primera iglesia había logrado transformar un momento sublime en algo a temer.

Sin embargo, en esta ocasión, este otro pastor explicó que todos estábamos invitados a participar: aquellos que eran parte de esa iglesia, los que la visitaban ocasionalmente, y los que estaban allí por primera vez. Incluso los niños fueron invitados.  Si creíamos en Jesús, aseguró el ministro, éramos todos parte de la misma familia, y estábamos todos invitados a la mesa. Cerró diciendo algo así:

“Jesús permitió que Judas participara de la Última Cena, aun sabiendo que lo iba a traicionar. Y si Jesús no lo excluyó, quién soy yo para evitar que alguien participe de este memorial. Ven a la mesa con tus defectos y tus fallas, que Dios se encargará de transformar lo que haya que cambiar.”

Cuando todos habíamos pasado a tomar el pan y el jugo, el pastor preguntó si alguien no tenía los elementos. Un hombre en la última fila levantó la mano. El pastor caminó hasta él y le entregó la copa y el pan. No quería que nadie se quedara fuera.

Nunca en mi vida había sido tan impactado por el momento de la comunión.

 

Conclusiones

Podría haberme sentido despreciado e indignado luego de la primera experiencia. Pude haber dicho: “Esto son las iglesias, gente que rechaza y excluye a los demás. Nunca más visitaré una.”

Pero, con esa frase, me habría perdido del momento sanador que experimenté en la segunda iglesia.

No todas las iglesias son iguales, al igual que no todas las personas son iguales.

Una mala experiencia en una no garantiza malas experiencias en todas. ¡Incluso malas experiencias en diez iglesias no garantizan malas experiencias en todas!

Yo creo en dar segundas oportunidades.

Así que si te has sentido decepcionado por una iglesia, por una persona, por una comunidad, por una amistad, no pienses que todas son así. Yo te puedo asegurar que al menos hay una que te está esperando a ti, con todos tus defectos y fallas, para decirte:

“Gracias por llegar. Te estaba esperando. Ven a la mesa.”

Y ese momento, puede cambiar tu vida para siempre.

Hay un lugar esperando por ti. Hay alguien esperando por ti. Hay nuevas experiencias esperando por ti. Atrévete a creer en las segundas oportunidades.

 

Siéntete libre de comentar, opinar o preguntar en Facebook o en el área de comentarios de esta página. La única pregunta que no responderé jamás es cuál esa primera iglesia que visité. 🙂

Esta historia forma parte del libro Sanando con creatividad, disponible aquí:

Comments

  1. heysha hernandez says:

    …donde estara mi “lugar” o “persona” parece que se extraveo,nunca llega….

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