Luchando con la vergüenza, la culpa y el qué dirán

“Una mujer de mala fama, que vivía en aquel pueblo, supo que Jesús estaba comiendo en casa de Simón. Tomó entonces un frasco de perfume muy fino, y fue a ver a Jesús. La mujer entró y se arrodilló detrás de Jesús, y tanto lloraba que sus lágrimas caían sobre los pies de Jesús. Después le secó los pies con sus propios cabellos, se los besó y les puso el perfume que llevaba.” –Lucas 7:37-38 (TLA)

Photo Credit: FreeImages.com / Sanja Gjenero

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Mucha gente de mala reputación siguió a Jesucristo y se sentó a su mesa: cobradores de impuesto, prostitutas, ladrones y religiosos (sí). Me llama la atención en especial la historia de esta mujer de muy mala fama que se acercó a Jesús para lavar sus pies con sus lágrimas y sus cabellos. Lo que me cautiva no es la acción, sino de quién provenía. Una mujer rechazada y marginada había dado el paso de acercarse a Jesús, de tocar a Jesús, de servir a Jesús. Probablemente estaba llena de culpa y vergüenza por su vida, pero hizo lo único lógico que podía hacer: tomó toda esa culpa y la puso a los pies de Jesús. Caminó hacia Jesús y lo adoró, incluso sabiendo que era culpable y no merecía perdón.

El problema de la culpa

En ocasiones, nosotros podemos sentirnos culpables e indignos, desconfiando de nosotros. Esto solo lleva a desconfiar del amor de Dios, que cubre todo pecado. Tenemos que llenarnos de valor y presentarnos ante el trono de la gracia.

Seguramente, muchos no entendieron lo que estaba haciendo la mujer a los pies de Jesús y la juzgaron. Probablemente, muchos no entiendan como  puedes estar a los pies de Jesús.

¿Y eso qué?

Debemos vencer la vergüenza, la culpa, la incomodidad y la falta de confianza con la que hemos cargado. Cuando nos proponemos cambiar nuestra vida y acercarnos a Dios, lo más doloroso en el proceso puede ser pensar en lo que la gente dirá. Si este es tu caso, esto es lo que te digo: Tú estás en un viaje de crecimiento.

¿Y qué si la gente no entiende que fuiste perdonado?

¿Qué importa si la gente no entiende que estás en un proceso y no eres perfecto?

¿Qué importa si la gente no comprende por qué lloras a los pies de Jesús?

¿Qué importa si la gente no entiende cómo te atreves a ir a él después de todo lo que hiciste?

Estás en camino a convertirte en la persona que Dios soñó que tú fueras.

Tanto tus fortalezas, como las que ahora piensa que son tus fallas, están haciendo de ti una mejor persona. No te avergüences de quien eres en el proceso, ya que cuando llegues a la meta, te arrepentirás de no haberlo disfrutado más. Deja toda culpa, toda preocupación, todo dolor a los pies de Jesús. No dejes que las opiniones de los demás determinen lo que haces cuando caminas hacia el cumplimiento de la misión que Dios puso en tu corazón. No te avergüences de mostrar que estás en un proceso de cambio rumbo a cumplir el sueño de Dios para ti.

 

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