Lo que aprendí con unos vómitos

No hay nada mejor que recibir una lección en un momento inesperado. Recientemente, sentí que Dios me hablaba mientras miraba a mi esposa vomitar.

FreeImages.com / Michael Chambers

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En días recientes, llegué a mi casa para encontrarme con mi esposa enferma. Había estado vomitando por horas. Ya no le quedaba nada más en el estómago, lo que hacía el proceso aún más incómodo y doloroso. Ella estaba desesperada porque nada era capaz de parar los vómitos y el dolor. Yo estaba aún más desesperado. Quería ayudar, pero no sabía qué hacer. Ella había intentado hidratarse, pero vomitaba los líquidos al momento. En un punto, pudimos identificar por qué estaba así (había comido algo que le hizo daño), pero saber por qué no resolvía el problema.

Los (fabulosos) remedios

A ella se le ocurrieron algunos remedios y yo le sugerí otros, no sé cuál de todos más absurdo. Algunos de los remedios que le pedí que intentará los había conseguido en Internet (claro, porque todo lo que está en Internet es tan cierto y confiable), y otros tantos me los inventé por completo. Solo buscábamos cualquier cosa para aplacar el dolor y mejorar la situación. Entre las cosas completamente razonables que hizo (la mayor parte sugeridas por mí) estuvieron: acostarse en el suelo frío, succionar un fósforo, tomar leche y oler alcohol.

Nada funcionaba.

La (verdadera) solución

Entonces, comprendí.

Había ingerido algo que le hizo daño, así que su cuerpo estaba tratando de sanar, expulsando hasta el último rastro. No había nada que hacer para detener el dolor, solo esperar a que terminara el proceso. Y eso estaba bien.

Así es con nuestras vidas. Muchas veces buscamos arreglar lo que está roto, secar las lágrimas, evitar el dolor, cuando no es tiempo de ello. ¿Cuántas cosas absurdas hacemos para evitar enfrentar ese problema, recibir esa mala noticia, tener esa conversación?

Hay ocasiones en que la única forma posible de encontrar sanidad es estar quietos, resistir en medio del dolor y confiar en el proceso.

Al final, mi esposa se acostó a dormir. Al otro día, se levantó sintiéndose mejor.

Decidamos conscientemente estar quietos. Soportar el proceso. Esperar. Es fácil decirlo, pero no tan fácil vivirlo. Lo sé. Mi esposa lo sabe. Pero es lo que tenemos que hacer.

Escuché una vez que hay ocasiones en que Dios decide calmar nuestras tormentas y otras en que opta por pasar la tormenta junto a nosotros. En ambas ocasiones demuestra que es Dios. En la primera, muestra su magnífico poder; en la segunda, su amorosa presencia.

He adoptado una nueva frase a consecuencia de esa larga noche de enfermedad:

Hay veces que Dios decide quitarte los vómitos; en otras ocasiones, te acompaña en el baño mientras vomitas.

Pero sigue siendo Dios.

 

¿Has enfrentado situaciones en que hubieras deseado una solución rápida, pero confrontaste un proceso largo y difícil? ¿Cómo hiciste para resistir y tener paciencia? ¿Qué técnicas utilizas? Responde en Facebook, Twitter o en los comentarios.

 

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  1. […] de encontrar un mensaje de fe en Harry Potter, un mensaje de aliento en The Walking Dead, e inspiración divina en unos vómitos. Creatividad es ver caminos donde naturalmente no los hay. Si quieres desarrollar esta habilidad, […]

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