El ataque de los zombis (Cuento)

Photo Credit: FreeImages.com / Dave Dyet

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Zombis.

De todas las maneras en que Renato pensó que podría morir, nunca se le ocurrió esa. ¡Era imposible! Sin embargo, Renato y un grupo de sobrevivientes se encontraban encerrados en una tienda por departamentos, con zombis hambrientos y apestosos dando golpes contra los cristales.

“Dios, ¿qué hago? Ayúdanos a sobrevivir” clamaba Renato en medio de un círculo de oración.

Estaba decidido a mantener su fe aun en las circunstancias más adversas.

“¡Pf! ¡Qué pérdida de tiempo! No es tiempo de orar, es tiempo de actuar” había gritado alguien antes de salir huyendo.

Renato continuó orando.

“¡Chicos! ¡Vámonos!” le gritó Rosita al grupo desde la puerta trasera del edificio. “Es nuestra oportunidad. Tenemos que salir ahora, por aquí.”

Renato sacudió la cabeza.

“No. Estoy orando. Dios me salvará. Voy a confiar.”

Otro joven presente intentó convencerlo, pero Renato no cedió. El joven le ofreció un arma de defensa, pero Renato tampoco aceptó. Aseguró que no la necesitaba. Dios sería su defensor. Decepcionados y armados con machetes, Rosita y el joven salieron por la puerta trasera.

Veinte minutos después, los zombis habían entrado a la tienda. Renato, desarmado y aún con los ojos cerrados en oración, fue mordido en el cuello, y se transformó en un zombi más.

**********

Zombis.

Octavio siempre estuvo seguro de que sería víctima de un apocalipsis zombi, o algo igualmente terrible. No estaba sorprendido de que le tocara vivir algo así. Su suerte siempre había sido pésima. Sin embargo, no estaba dispuesto a quedarse escondido en la tienda por departamentos para toda la vida. Tenía que hacer algo.

Uno de los presentes sugirió orar. Formaron un círculo de oración.

“¡Pf! ¡Qué pérdida de tiempo!” exclamó Octavio. “No es tiempo de orar, es tiempo de actuar.”

Octavio corrió hasta la puerta trasera del edificio y abrió sigilosamente. Asomó su cara y miró a ambos lados. Parecía que no había ningún zombi a la vista. Salió de la tienda.

Un trío de zombis había estado oculto tras la puerta, buscando en los zafacones. En cuanto Octavio salió, se abalanzaron sobre él y comenzaron a devorarlo. Estaba muerto en menos de 5 minutos.

**********

Zombis.

Pedro nunca imaginó que se encontraría en medio de un ataque de zombis, pero ahora que era una realidad, estaba dispuesto a enfrentarlo.

Estaba escondido en una tienda por departamento con unos amigos, mientras los zombis golpeaban los cristales. A uno de los presentes se le ocurrió hacer un círculo de oración. Pedro decidió participar. Necesitaban la dirección divina. Sin embargo, mientras oraba, en ningún momento soltó el machete que tenía en la mano. Debía estar preparado.

“¡Pf! ¡Qué pérdida de tiempo!” exclamó un hombre antes de marcharse. “No es tiempo de orar, es tiempo de actuar.”

“Hay tiempo para las dos cosas” pensó Pedro.

“Dios, ¿qué hago? Ayúdanos a sobrevivir” oró uno de los presentes.

Pedro respondió con un amén.

“¡Chicos! ¡Vámonos!” gritó Rosita desde la puerta trasera del edificio. “Es nuestra oportunidad. Tenemos que salir ahora, por aquí.”

Pedro abrió los ojos. ¡Dios había escuchado sus plegarias! ¡Era tiempo de actuar!

“No. Estoy orando. Dios me salvará. Voy a confiar” respondió uno de sus compañeros.

Pedro intentó convencerlo, hacerlo entrar en razón, pero fue en vano. Intentó dejarle su machete, pero tampoco lo aceptó.

No podía esperar más. Corrió hacia la puerta tras Rosita.

Cuando salía junto a ella, vio que tres zombis devoraban a un hombre.

“Con su prisa, él fue nuestra distracción. ¡Vamos!” dijo Rosita mientras corrían.

En el camino, encontraron solo un par de zombis, pero pudieron liquidarlos con sus machetes.

Pedro, sin dejar de correr, elevó una plegaria silenciosa, agradecido por haber tenido el machete consigo.

En pocos minutos, encontraron un edificio frente a ellos, flanqueado por soldados. Los hombres uniformados corrieron hacia ellos y los escoltaron hasta la entrada.

Habían llegado a un lugar seguro.

Ya dentro, Pedro miró hacia fuera por una de las ventanas de la edificación. A lo lejos, podía ver cómo la tienda por departamentos era penetrada por decenas de zombis hambrientos. Todo los que quedaron dentro morirían o se convertirían en zombis.

Pedro, aún asustado, dio gracias.

Dio gracias porque Dios escucha las oraciones. Y dio gracias por tener la sabiduría de actuar  basándose en ellas.

Fin.

 

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