Saliendo de la zona de confort

Hacer la llamada fue uno de los momentos más difíciles en mi vida. Mis manos sudaban. Mi voz sonaba quebradiza. Respiraba aceleradamente.

Dije mis primeras palabras con la boca seca por el puro terror:

“Buenas… yo… em… quisiera obtener… información de… ¿Qué me puede decir acerca de las clases de salsa que ofrecen?”

(*Insertar música de suspenso aquí.*)

Photo Credit: FreeImages.com / Rodney Knous

Photo Credit: FreeImages.com / Rodney Knous

No lo podía creer. Había llamado para matricularme en clases para aprender a bailar salsa.

Mi esposa siempre lo había deseado. Teniendo ella un talento innato para el baile, le frustraba que yo fuera tan absurdamente MALO en todos los bailes del mundo (y en casi todas las actividades que requieren coordinación motora). Yo habría sido feliz bailando a mi manera, dando pasos de payaso para aquí y para allá y pisándole los dedos, pero para ella, el baile se hace bien, o no se hace.

Luego de años de súplica, decidí acceder. No solo por complacerla, sino porque es tiempo de romper con mis miedos y salir de la comodidad.

Lo que nos detiene

No sé en qué momento comenzó esto, pero me he dado cuenta de que me he llenado de temores e inseguridades. Nunca intento nada a menos que esté completamente seguro de que voy a ser exitoso en ello. Por eso me tomó tanto tiempo comenzar a escribir este blog, Sanando con creatividad. No sabía si sería un gran éxito, o un fracaso estrepitoso. (En este punto, debo confesar, que no es ni lo uno ni lo otro, pero solo estamos comenzando. Todavía tiene tiempo y potencial para convertirse en un gran éxito… o un gran fracaso, claro.)

Luego de hacer esa llamada atemorizante, decidí cambiar. He aprendido que la vida se trata de tomar riesgos en los que tenemos 50% de probabilidades de tener éxito. Y eso está bien. Puede ser que, luego de las clases, no logre aprender nada, o que la maestra salga corriendo y gritando porque darme clases es la peor pesadilla de su vida. Pero también hay un 50% de probabilidad de que me convierta en un bailarín, sino bueno, al menos decente. Yo estoy dispuesto a lidiar con esa incertidumbre.

A veces se gana, a veces se pierde.

Una vez, pensé que sí era posible escribir un libro, así que lo intenté. Y lo logré.

Una vez, pensé que era posible aprender a tocar batería, así que lo intenté. Y no lo logré. (De hecho, el maestro salió corriendo, incapaz de hacer nada por mí.)

Quiero volver a ser el yo de antes. Quiero atreverme, quiero arriesgarme. Si lo logro, lo celebraré, y si no, aprenderé una lección y seguiré caminando. Quiero hacer cosas nuevas y diferentes. No quiero que mi vida se convierta en una rutina debido a mis temores.

Quiero salir de mi zona de confort.

Aunque nos aburra, es cómodo vivir haciendo lo mismo día tras día. Se siente… seguro, conocido, estable. Sabemos que ganaremos. Sin embargo, es justamente fuera de la zona de confort donde más se aprende, se ríe, se llora, se sana y se crece. Así que yo quiero salir.

El reto

Me he retado. He decidido que, durante este año, haré todo lo posible por vivir fuera de mi zona de confort, haciendo esas cosas que algún día quise hacer, pero luego pensé que serían muy peligrosas, o difíciles, o raras, o absurdas. Ya no diré “Tal vez algún día”, sino “Hoy es el día.”

Y haré algo más. Te quiero invitar a ti a salir fuera de tu zona cómoda, a comenzar a vivir tus sueños, retos y aventuras, a hacer esa llamada difícil que has estado posponiendo.

Para hacerlo más fácil para ti, voy a exponerme yo primero.

Hoy, aquí, en esta publicación, compartiré contigo una lista de cosas que quiero intentar este año, cosas que están fuera de mi zona de confort, que podrían causarme temor. Te invito a que tú hagas tu lista (y si te atreves, la compartas), para que juntos, comencemos a vivir con más alegría, emoción… y creatividad.

Estas son las cosas me gustaría lograr en este año:

  1. Tomar clases de salsa
  2. Bailar salsa en un lugar público (¡yikes!)
  3. Aprender a jugar póker (pero sin apostar dinero, por favor)
  4. Hacer tres nuevos amigos
  5. Hablarle acerca de mi fe a alguien distinto, todos los meses
  6. Participar de un maratón
  7. Comer algo que nunca haya probado (estoy pensando en tiburón, iguana y ostras… ¡wákala!)
  8. Aprender defensa personal, kickboxing o algún arte marcial
  9. Ejercitarme todos los días por tres meses consecutivos (¡sin fallar un solo día!)
  10. Tomar clases de canto (¿Me irá mejor que con la batería?)
  11. Publicar un libro (pero no para venderlo a mis amigos, sino con distribución mundial)
  12. Visitar un lugar al que nunca haya ido
  13. Llegar a un lugar al que nunca he ido sin usar el GPS
  14. Cocinar algo nuevo
  15. Trabajar como voluntario en algún lugar que me necesiten
  16. Leer un libro nuevo cada semana (completo)
  17. Correr patines o patineta
  18. Practicar paddleboarding, bucear, snorkeling, kayak, surfing… ¡que viva el mar!
  19. Patinar sobre hielo (¡no acepto que me tomen video!)
  20. Jugar baseball
  21. Hacer reuniones de oración con mi esposa, al menos semanalmente
  22. Adoptar un niño (o una niña)
  23. Lograr la mejor condición física de mi vida (quiere decir, ponerme bien bueno)
  24. Tener un date diferente con mi esposa cada semana
  25. Donar dinero a Life Outreach o alguna otra causa noble todos los meses (sin importar qué diga mi estado financiero)

Espero que esta lista siga creciendo. Claro, tengan por seguro que, cuando las vaya logrando (o intentando), lo compartiré con ustedes en Facebook. ¡Déjenme saber también cuando ustedes logren las suyas!

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